Frente al avance de la gentrificación y turistificación en Oaxaca, espacios como la Librería El Burrito y Mundo Ceiba —dedicado a la renta de bicicletas— han optado por establecer precios más altos para personas extranjeras en sus productos y servicios.
Aunque esta medida podría resultar polémica, busca generar conciencia sobre las desigualdades económicas entre residentes locales y turistas, además de preservar el acceso de la comunidad a estos espacios.
Un recorrido por el primer cuadro de la ciudad permite observar cómo algunos puntos, como el mercado gastronómico La Cosecha, han sido absorbidos por el turismo extranjero.
Aquí, una tlayuda puede alcanzar los 120 pesos, mientras que un vaso de agua de frutas naturales se vende entre 35 y 50 pesos, precios que resultan poco accesibles para gran parte de la población local.
“Es correcto que los extranjeros paguen un poco más para evitar la gentrificación”, opinó Javier Ortiz, residente de Oaxaca de Juárez.
"Actualmente están desplazando tanto al turismo nacional como a los propios habitantes. Aplicar un costo mayor sin caer en el abuso es una medida justa", afirmó.
Otros esfuerzos ciudadanos también buscan contrarrestar este fenómeno.
En Café Jaguar Yuú, por ejemplo, las personas locales pueden llevar su taza y recibir café de manera gratuita, una acción simbólica para proteger el acceso de la comunidad a su propio espacio.
La gentrificación turística, de acuerdo con un estudio del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública del Congreso de Oaxaca, ha transformado la estructura urbana. Los gobiernos, en su afán de atraer visitantes, han reconfigurado las ciudades para el consumo cultural, desplazando a sus habitantes originales.
Uno de los impactos más visibles es el incremento desproporcionado en los precios de alimentos y servicios, bajo etiquetas como "tradicional", "local" o "gourmet", que elevan el costo de vida en los centros históricos y excluyen a quienes no pueden pagarlo.
Esto, advierte el estudio, genera desigualdades, empuja a los residentes hacia las periferias y deja los núcleos urbanos en manos de grandes capitales y población flotante.
El mismo estudio reconoce que hay un desplazamiento simbólico o basado en el lugar.
“La gentrificación crea un nuevo contexto social y cultural en el cual los residentes antiguos sienten una desposesión o pérdida de los lugares que habitan, en especial de los lugares llamados “vecindarios”, mismos en dirección a convertirse en lugares ajenos a lo que ellos conocían”.
