Por Lázaro Peña V., Pbro. / Colaboración
"Por la gracia de Dios,
nuestra oscuridad se convierte en luz".
Domingo IV de Cuaresma o Laetare, 15 de marzo de 2023, Morado o Rosa. Se omite la memoria de: Beato Juan Adalberto Balicki, Presbítero. Otros Santos: Luisa de Marillac, «Patrona universal de las obras sociales», viuda y fundadora; Artémide Zatti, presbítero de la Sociedad de San Francisco de Sales.MR p. 225 [238] / Lecc. I p. 65. 1Sam 16, 1, 6-7. 10-13; Ef 5, 8-14; Jn 9,1-41.
En la primera lectura se nos habla de la unción de David como rey de Israel, pero hay 3 versiones sobre el acceso de David a la vida pública: La primera es que David fue llamado a la corte del rey para alegrar las tristezas del rey Saúl (1Sam 16, 14-23). La segunda versión presenta a David como un joven pastor que enfrenta a Goliat (1Sam 17, 12-30; 17, 55; 18, 2). Y la tercera es la que nos narra la lectura de hoy, David ungido por Samuel (1Sam 16, 1.6-7.10-13). En esta elección de David vemos cómo Dios no se fija en la grandeza material o intelectual del hombre, sino en el corazón; porque Dios elije lo que a los ojos de los demás es necio, es débil, es común, lo que es nada; y así ningún mortal podrá alabarse a sí mismo ante Dios (1Cor 1, 26-29); "sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos", decía el escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, en su obra "El Principito".
En la segunda lectura san Pablo habla a los efesios de la antítesis "gracia contra pecado, cristiano contra pagano, luz contra tinieblas". Esto no quiere decir que los cristianos católicos tengamos el monopolio de la virtud, nada de eso; pero nos advierte, para que no nos vanagloriemos, que no nos enorgullezcamos de lo que deberíamos sentir vergüenza (Fil 3, 17-19). Ciertamente en el paganismo los vicios eran canonizados y hasta divinizados, por ejemplo, en el panteón greco-romano todos los vicios tenían el rostro de una deidad pagana. Debemos tener mucho cuidado de no contagiarnos de estos males, cuidado de no vanagloriarnos y hasta defender lo que transgrede la ley natural y, con mucha más razón la Ley de Dios.
En el Evangelio, san Juan nos narra un signo (milagro), donde lo principal no es que el ciego de nacimiento recobró la vista, sino que descubrió a Cristo como Dios y esto lo llevará a la salvación. Lo que importa es que descubramos a Dios en medio de nuestras carencias, debilidades, pequeñez moral; y que no nos aferremos a defender y hasta divinizar nuestras debilidades o pecados, o peor tantito, echarle la culpa a la sociedad, al ambiente, a la familia, etc; "Maestro, ¿quién ha pecado, para que esté ciego, él o sus padres?" (Jn 9, 2). Jesús deja claro que "no es por haber pecado él o sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten claramente" (Jn 9, 3); así Jesús elimina la idea simplista de considerar cualquier desgracia como un castigo divino. Y lo más importante de este pasaje evangélico, pienso yo, es que hagamos como el ciego de nacimiento, que creamos en Cristo y arrodillados lo adoremos; y no decir "que vemos" pero seguir en el pecado. No debemos hacernos un dios que se acomode a nuestros gustos, a nuestras debilidades; sino ser nosotros quienes nos ciñamos a sus mandamientos, a su voluntad.
"Tres palabras para recordar y meditar esta semana"
LAETARE: Es el Cuarto Domingo de Cuaresma (o de mediados de Cuaresma); se denomina Domingo Laetare, por las primeras palabras de la oración introductoria de la Misa: “Laetare Jerusalem” (“Alégrate Jerusalén”). En la Liturgia de este domingo se utilizan signos especiales de alegría, destinados a alentar a los fieles en su curso a través de la temporada de penitencia, así como ocurre con el Domingo de Gaudete en Adviento; pueden utilizarse flores, así como música y cantos alegres en la Misa y vísperas; se permite la vestimenta color rosa en vez de púrpura. Estos signos enfatizan el contraste entre los otros Domingos de Cuaresma y este Domingo Laetare, emblemático de las alegrías de esta vida, alegría mezclada con un cierto rezago de tristeza (EC WIKI, Enciclopedia Católica Online).
SÁBADO: Viene de "sabbat" o "shabat" (que, a su vez, procede del verbo hebreo "shavát") y significa "descanso", "reposo". Los israelitas observaban y consagraban a Dios este día, porque Él realizó la Creación en 6 días y el séptimo día descansó, bendijo ese día y lo hizo santo (Gén. 2, 2-3; Ex. 20, 11; Deut. 5, 13-14). Con el paso del tiempo los profetas denunciaron su observancia tan obsesivamente estricta, pues los israelitas ya se habían convertido en un pueblo de ley, sin devoción (Os 1, 2 y Os 2, 13).
Cristo también denunció el rigorismo formalista de los fariseos y de los maestros de la Ley en torno al sábado; dejó claro que "el sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado" (Mc. 2, 27). Para Jesús el deber de la caridad es anterior a la observancia material del reposo; por eso realizó varias curaciones en dicho día (Mc. 3, 1-6; Lc. 14, 1-6; Lc. 6, 1-5); y dejó claro que Él tiene poder sobre el sábado (Mc. 2, 28), pues es dueño del sábado (Lc. 6, 1-5).
DOMINGO: Proviene del Latín "Dies Domini" que significa "Día del Señor". Fue nombrado así y dedicado al culto desde la época apostólica (Hechos 20, 7; 1Cor 16, 2; Col 2, 16 y Ap 1, 10); porque domingo fue el día en que Jesucristo resucitó, como lo narran los cuatro evangelistas (Mateo 28, 1; Marcos 16, 1-2; Lucas 24, 1 y Juan 20,1), quienes escriben que la tumba vacía de Jesucristo fue hallada en las primeras horas del primer día de la semana; es decir, ocurrió el día siguiente al sabbat (sábado) que era su día de descanso.
