En Oaxaca, la temporada de Día de Muertos no solo trae consigo la belleza de los altares coloridos y las ofrendas a los seres queridos que ya partieron, sino también un despliegue de sabores y tradiciones que se fusionan en esta celebración única.
La construcción de altares dedicados a los fieles difuntos es una costumbre arraigada, pero también puede ser una inversión significativa para las familias.
El costo de la colocación de un altar varía según su tamaño y la cantidad de adornos que se le añadan.
Estos pueden oscilar entre los 200 pesos y superar los mil 200 pesos. Los elementos que se incorporan al altar son una parte esencial de esta tradición.
#Entérate 🗞️El Museo del Templo Mayor refleja “La alumbrada” de Santa María Atzompa, Oaxaca, en su altar de muertos.
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El pollo, utilizado para preparar el sabroso mole, tiene un costo que ronda entre los 250 y los 300 pesos por unidad. El pan, elemento esencial en la ofrenda, se adquiere por alrededor de 50 pesos la pieza. Para las flores, se destinan alrededor de 150 pesos para comprar un rollo y las velas, acompañadas de sus respectivos vasitos, suman aproximadamente 12 pesos cada una. Otros elementos como el níspero tienen un costo de 75 pesos por kilo y la mandarina se adquiere a 40 pesos.
En el hogar de la abuela Conchita, la colocación del altar es un evento que reúne a toda la familia. Este momento se desarrolla entre las risas de los nietos y las conversaciones que evocan a los abuelos y las abuelas que ya han partido. Los recuerdos vuelan en el tiempo y se aprecian con claridad, cada detalle, cada frase característica, e incluso la risa y la forma de caminar.
¿Cuáles son los elementos que no pueden faltar en tu Altar de muertos? Aquí te lo cuento👇🕯🌼💀🥜🍺#DiaDeMuertos #Oaxaca #Ofrenda #TradicionesMexicanas pic.twitter.com/6wB8SPclox
— Humberto Torres (@plumastecolote) October 31, 2023
Aunque cada familia puede tener sus propias historias y experiencias, todas comparten la solemnidad y el cariño en esta tradición. La muerte no es temida, es celebrada. Se le canta, se le adorna, se coloca el puente amarillo para permitir que las almas crucen y se reúnan con los vivos, ya que, según la creencia, los seres que han fallecido regresan los días 1 y 2 de noviembre para convivir con sus seres queridos.
En el ambiente resuenan las melodías: "Hay de mí, llorona, llorona, llévame al río...". La velada continúa con paseos a los cementerios para traer de vuelta a los seres queridos.
Don Reynaldo, mientras coloca el papel picado a lo largo del patio de la casa, comenta: "Esta es una fecha especial para recordar a nuestros difuntos: abuelos, parientes, amigos. Con esta fiesta los honramos y les decimos que no los olvidamos". La abuela Conchita agrega que es un sentimiento de añoranza por los padres y la esperanza de que sus seres queridos vengan a visitarlos. Los altares se llenan de fruta, chocolate, alimentos que los difuntos disfrutaban en vida, café y veladoras para iluminar su camino.
En Oaxaca, los altares no solo son una expresión de amor y respeto hacia los fallecidos, sino también una manifestación de la riqueza cultural y culinaria que distingue a esta hermosa región de México.
