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COMPARTIENDO MIS SENCILLOS PUNTOS HOMILÉTICOS

Una ilustración bíblica que representa al profeta Malaquías, considerado en las sagradas escrituras como el último de los profetas del Antiguo Testamento.
Foto(s): Cortesía
Redacción

"No te preocupes por el día en que venga el Señor, 

preocúpate por estar preparado para su llegada"

 

            Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, 16 de noviembre de 2025. Verde [Se omite la Memoria de Santa Margarita de Escocia y de Santa Gertrudis, Virgen). MR p. 445 [443] / Lecc. II p. 298. Semana I del Salterio. Mal 3, 19-20; 2Tes 3, 7-12; Lc 21, 5-19.

 

Malaquías (del hebreo Malaki) significa "mi mensajero", "mi enviado" o "mi ángel". La tradición judía dice que Malaquías es el último de los profetas; su libro fue escrito cuando el Pueblo Judío volvió del exilio babilónico, su tono es amenazador. Dios quiere limpiar y purificar con el fuego, como hacen los que acrisolan el oro y la plata; porque tanto el pueblo como los sacerdotes en su tiempo, le ofrecían al Señor corderos enfermos, ciegos y cojos, lo que ya no les servía, lo que les sobraba. Sus ceremonias estaban llenas de basura. Esto a mí me cuestiona, ¿cómo ofrezco el Santo Sacrificio de la Eucaristía?; a lo mejor muchas veces lo he ofrecido, celebrado, con un corazón enfermo, hinchado de soberbia, lleno de egoísmo, aferrado al poder y despreciando a mis hermanos. Me da tanto temor, porque llegará el día de la gran purificación, para hacer ceniza mi orgullo, mi arrogancia y mis celebraciones "chafas", mal hechas, que dan asco a Dios. Y los bautizados, ¿cómo participan de la Santa Misa dominical? ¿con qué corazón acuden a recibir los Sacramentos? ¿lo hacen con verdadera fe, o sólo como parte de un "acto social" y como preámbulo del culto a "Baco" (dios del vino)? ¿Por qué decimos que creemos en Dios y no hacemos lo que Él nos dice?

 

En la Segunda Lectura, San Pablo nos dice que no vayamos de un lado para otro, llevando y trayendo chismes, y que tengamos cuidado de los flojos que no quieren trabajar y se hacen los beatos, causando lástima, para pedir "aquí, allá y en todas partes". Todos debemos trabajar y no hacernos los mártires o los enfermos, cuando en realidad no lo somos. Cuidado porque existimos muchos que nos aprovechamos de la buena fe de los demás. Dios no nos abandona. Donde quiera que estemos, si trabajamos, respetamos, y amamos a los demás, no nos faltará nada. Y en segundo lugar, San Pablo pide que en los grupos, capillas o parroquias, etc., no perturbemos a los demás que sí están trabajando; que no andemos llevando chismes al coordinador, al catequista, al encargado de la capilla o al Párroco; porque a veces hay quienes a eso se dedican, a malinformar, a querer quitar a los que sí trabajan, y después ellos ni pichan, ni cachan, ni dejan batear.

 

En el Evangelio de Lucas, Jesús nos dice que las cosas materiales, como el templo, los títulos, la ciencia, etc., serán destruidos, porque pertenecen a la materia. Jesús nos invita más bien a luchar por lo que no se acaba, como las buenas obras, la fe en Dios y la caridad a los demás, etc.; y nos pide que no nos dejemos engañar sobre cuándo será el fin, lo que importa es estar preparados, como las vírgenes prudentes, con nuestras lámparas encendidas y con nuestra fe basada en Cristo, que resucitó y venció a la muerte; no una fe puesta en el poder, el tener o el placer, porque esos son sólo ídolos que se alimentan de sacrificios humanos y aún así nunca sacian su sed de sangre. 

 

"Tres palabras para recordar y meditar esta semana"

 

Sacrificio: (Derivado del latín "Sacrum," sagrado, y "fácere", realizar). Acción sagrada que consiste en hacer morir un viviente, normalmente animales, para ofrecerlos a la divinidad o compartirlos con ella en un banquete sagrado. En hebreo se llama "minhã" a la ofrenda que se hace, dentro del rito sagrado, como sacrificio a la divinidad. En la Carta a los Hebreos se presenta continuamente la Muerte de Cristo como un Sacrificio que sobrepasa por mucho a todos los sacrificios de la Antigua Alianza. 

 

Estipendio: Es una ofrenda (principalmente económica) que los fieles hacen de modo voluntario, para que los Sacerdotes que la reciben apliquen la Misa por una determinada intención; quedando de este modo el Sacerdote obligado a su celebración, por un deber de justicia. La Iglesia reconoce la necesidad y la legitimidad de esta limosna, con la cual los fieles contribuyen al sostenimiento de la Iglesia y de sus ministros; sobre todo se agradece en las comunidades donde el estipendio es la única fuente de ingresos del Sacerdote, quien no cuenta con un sueldo.

 

Parusía: (Aparición, presencia en Griego), término bíblico y teológico utilizado comúnmente en la Iglesia para designar la Segunda Venida de Cristo al final de los tiempos, cuando venga Glorioso a juzgar a vivos y muertos, revele la disposición secreta de los corazones y retribuya a cada hombre según sus obras y según su aceptación o su rechazo de la gracia (CEC núm. 682).

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