Rebecca Solnit (Estados Unidos, 1961) posee una voz poderosa, aunque tenue y suave al hablar. Sus potentes ojos azules y su cabello rubio contrastan con el atuendo negro que viste un día antes de su presentación en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca. No es su primera vez en la ciudad, incluso ya ha visto a varios amigos en esta visita para poder armar vínculos con los que accionará, por ejemplo, una donación de libros para una biblioteca chatina. La escritora y editora ofrece la entrevista en uno de los patios del hotel donde se hospeda, en el centro histórico de la Verde Antequera.
De los pies a la cabeza porta prendas negras, también usa un sombrero; la luz de una mañana fresca le provocan un buen ánimo y sale de su habitación cargada de su Macbook y unos seis libros, versiones en español e inglés de Los hombres me explican cosas, The mother of all questions, Call them by their true names y Hope in the dark.
La entrevista sucede delante de una pared negra con una greca de fondo sobre la que cae agua. Ella responde a la pregunta sobre qué tan complicado es, después de escribir su ensayo Los hombres me explican cosas y en las que acuñó el término mansplaning, que se refiere a que los hombres, sepan o no de lo que están hablando, les explican cosas a las mujeres, y lo hacen de condescendencia o paternalismo, presuponiendo su desconocimiento del tema o asumiendo que estas se hallan en desventaja a la hora de comprenderlo.
“El ser una escritora te da una voz, una presencia, y es tu responsabilidad como tal usar esa voz, no nada más para hablar de las historias que no se han escuchado y por representarlas, sino para abrir espacios y encontrar esas audiencias a las cuales llegar y poder transmitir lo que esas historias contienen y la cultura que abrazan. Al ser una persona con voz, la mejor forma de honrarlo es encontrar espacio para esas voces que no son escuchadas”.
-¿Qué tan difícil ha sido para ti como mujer escritora, dar paso a esa voz?
-Me pongo a pensar en el mundo en el que nací, en el que a mi madre le tocó vivir y en el que las mujeres vivieron situaciones complicadas, horribles, en las que la discriminación se dio en términos que ni siquiera se pueden explicar: el acoso en el trabajo, la falta de oportunidades... Creo que en los últimos 50 años sí se ha hecho un cambio, considerando que los efectos del patriarcado vienen desde tres o cuatro mil años atrás. Sí se han hecho cambios y es prometedor, pero también falta mucho hablar de la desigualdad.
Ella se refiere a la falta de presentación que hay para mujeres. “No está bien que las mujeres sigan sin tener la representación adecuada, tanto el gobierno estadounidense y mexicano ni siquiera ha habido una presidenta mujer en ninguno de los dos países. En términos de porcentaje de representación en la política, dentro de los congresos y senados no tenemos el porcentaje proporcional a la cantidad de mujeres que somos por país”.
Por ello, considera que sí se ha avanzado, el patriarcado está todavía bastante arraigado y sí se debería hablar de cómo poder seguir incrementando esas oportunidades y cómo poder seguir erradicando esas conductas.
La autora de Wanderlust, una historia del caminar, afirma que en términos de abrir espacios para quienes no tienen una voz, también vale mucho la pena abordar el tema de las interseccionalidades que hay en la falta de representación y en la invisibilidad: “Hay que hablar de las mujeres indígenas, afroamericanas, las mujeres con discapacidades, las que han sido alejadas de la conversación. Porque se tienen que abrir espacios, encontrar y escuchar esas voces y tomarlas en cuenta para las decisiones que se vienen”.
Rebecca Solnit hoy inaugurará la Feria Internacional del Libro de Oaxaca en su edición 39, con la conferencia de apertura: El poder de la voz, las políticas del silencio. Con apoyo de la Proveedora Escolar concretarán la dotación de libros a una iniciativa de biblioteca de mujeres en el municipio de San Juan Quiahije.
