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La Condesa, una clínica 'explosiva'

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Un bombazo marcó el arranque de la Clínica Especializada Condesa. Minutos después de la ceremonia de inauguración encabezada por Rosario Robles, Jefa de Gobierno del Distrito Federal, a la institución pionera en la atención ambulatoria del VIH-sida entró una llamada anónima con una amenaza de bomba.


Era el 20 de enero de 2000 y fue necesario evacuar las instalaciones ubicadas en General Benjamín Hill 24, en la colonia que les da nombre, hasta que los especialistas determinaron que se trató de una falsa alarma.


Jorge Saavedra, quien coordinó la creación de la clínica y ese día fue nombrado su primer director, cuenta que tal incidente tuvo un resultado positivo, pues le dio al evento inaugural una mayor cobertura en los medios de comunicación y despertó diversas muestras de solidaridad.


"Carlos Monsiváis me llamó para decirme que el suceso era algo indignante, fruto de la ignorancia, la discriminación y la homofobia, y lo mismo declaró a los medios de comunicación", cuenta el médico 16 años después de aquél día.


Previamente, Saavedra había tenido que librar una batalla con los vecinos entre los que destacaba el rector de la Universidad La Salle, pues se habían manifestado en contra de que la antigua y subutilizada clínica de especialidades que había abierto el Presidente Lázaro Cárdenas en 1938, se convirtiera en un sitio para la atención de personas infectadas con el virus que generó una pandemia marcada por los prejuicios y estigmas hacia los homosexuales. 


"Creían que con tocar la fachada se iban a contagiar de VIH, lo cual era fruto de la ignorancia, aunque lo que realmente no querían, pero tampoco manifestaban abiertamente, era que a la zona llegaran gays, trabajadoras sexuales y transexuales", cuenta Saavedra.


El especialista en salud pública por la Universidad de Harvard decidió abordar el asunto invitando a los vecinos a una "kermés informativa" para despejar sus dudas sobre la forma de transmisión del virus, su prevención y tratamiento. "Así quedó zanjado, al menos, el argumento que manejaban explícitamente para oponerse".


Pero abierta la clínica, Saavedra no sólo debió llevar ahí su escritorio, pagar de su bolsillo algunos sillones para la sala de espera y enfrentar la falta de antirretrovirales suficientes para los primeros pacientes, sino también capotear otro estruendo que igualmente pudo derivar en un estallido: La resistencia de algunos miembros del personal sindicalizado de la antigua clínica, para atender a la gente de la diversidad sexual que sería su nueva usuaria.


"Afortunadamente eran la minoría, y creo que más bien les daba miedo no saber cómo hacerle", explica. "Yo les di la opción de pedir su cambio, pero uno de ellos llegó un día alterado, creo que un poco alcoholizado, y arrojó un tanque de gas desde el primer piso al vestíbulo. ¡No sé cómo no explotó!".  


Para sensibilizar al personal con su nuevo público, el director organizó un ciclo de cine con temática homosexual, con una discusión al final de cada película en la que participaban especialistas.


"Un día se me pasó la mano porque invité a un grupo de sexoservidoras trans de Tlalpan, cuya presencia ofendió a uno que otro, y se hicieron de palabras al final de la película porque ellas respondieron las agresiones, así que tuve que intervenir personalmente".


A finales de la década de 1990, recuerda, empezaron a través de Clara Jusidman, titular de la Secretaría de Desarrollo Social del DF -de la que en esa época dependían los servicios de salud capitalinos- los acercamientos con Cuauhtémoc Cárdenas. Pero al poco tiempo, el perredista dejó la Jefatura de Gobierno del DF para contender por las elecciones presidenciales del 2000. En su lugar quedó Rosario Robles, quien apoyó la idea de establecer una clínica ambulatoria, como las que Saavedra había conocido en Boston y Washington, para atender a los seropositivos no derechohabientes y, sobre todo, dotarlos del tratamiento combinado con AZT, DDI y Salcitadina que en esos años sólo tenían -y "a cuenta gotas"- los afiliados al IMSS o al ISSSTE. Los no derechohabientes generalmente recurrían al mercado negro.


El hoy embajador global de la Fundación para la Atención del VIH-sida (AHF, por sus siglas en inglés), comparte estos recuerdos en una visita a la clínica, cuya dirección dejó un año después de fundarla para ser el titular de Planeación e Innovación de la Secretaría de Salud, y replicar este modelo de atención ambulatoria al establecer, en el ámbito federal con el apoyo del Secretario Julio Frenk, la red de Capasits (Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual).


Al caminar por los pasillos de la Condesa, Saavedra es reconocido y saludado afectuosamente por las secretarias y enfermeras que permanecen desde sus primeros tiempos. Entonces deja a un lado cualquier falsa modestia y confiesa que sí se siente "el papá o la mamá" de la institución que actualmente atiende a unas 11 mil personas a través del Seguro Popular, y el 1 de diciembre de 2015, Día Mundial de la Lucha contra el VIH-sida, abrió una sucursal, construida ex profeso, en Iztapalapa con el nombre de Jaime Sepúlveda Amor.


"Alguien dirá: 'Tú no eres el papá', pero yo sí me siento el papá o la mamá porque estoy orgulloso de la clínica, igual que de los Capasits que hoy son casi 80 en todo el País".


Y de inmediato agrega que mucha gente impulsó el proyecto y se involucró desde la sociedad civil, como los integrantes del Frente Nacional de Personas Afectadas por el VIH (Frenpavih), Alejandro Brito y su suplemento Letra S, y, especialmente, Arturo Díaz Betancourt.


"Arturo fue un activista aguerrido, que alzó la voz siempre a favor de los derechos de las personas de la diversidad sexual; era un hombre controversial, temido y respetado, que generó muchas ideas. Andrea (González, directora del programa de VIH/sida de la CDMX) le puso su nombre al auditorio de la clínica, muy merecidamente".


Concluida la entrevista, Jorge pide a la fotógrafa que le haga algunos retratos precisamente en ese auditorio que honra al primer presidente de Mexicanos contra el Sida, quien también encabezó la fundación de la Comisión Ciudadana contra Crímenes de Odio por Homofobia, y murió víctima del cáncer el 4 de marzo de 2011, un mes antes de cumplir 54 años.


Su retrato está igualmente en la oficina de Andrea González, directora del programa que hoy se llama Centro para la Prevención y Atención Integral del VIH Sida de la Ciudad de México.


"Para mí, la Clínica Condesa era el sueño y la mirada de Arturo Díaz", enfatiza, "es el mejor ejemplo de un proyecto bien hecho que surge de una sociedad civil fuerte, comprensiva, y creo que la clínica, en ninguna de sus etapas, se podría entender sin la intervención de Arturo, y también de Alejandro Brito".


Fueron ellos, insiste, quienes concibieron la propuesta e impulsaron a Saavedra para materializarla. Y después apoyaron a su segunda directora, Carmen Soler, para iniciar en la capital el tratamiento antirretroviral (en 2001), dos años antes de que estuviera disponible en todo el País.


Dicho tratamiento mantiene en un nivel muy bajo (indetectable) las copias del VIH en la sangre, lo cual permite a los seropositivos tener una buena calidad de vida al contar con un número suficiente de células de defensa (CD4) que evitan las llamadas enfermedades oportunistas. E incluso disminuye considerablemente el riesgo de transmitir el virus.


En 2008, con motivo de la Conferencia Mundial de Sida que tuvo lugar en la Ciudad de México, la Clínica Condesa fue remodelada y reinaugurada por Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del DF.


González, refiere ella misma, fue propuesta por Arturo Díaz para ocupar su dirección. "Fue una propuesta de la sociedad civil", aclara. En noviembre del mismo año ascendió al puesto que actualmente ocupa.


La médica por la UNAM con estudios de salud pública en España, pide darle en esta historia "mucho crédito" a los institutos nacionales de Nutrición, Enfermedades Respiratorias y Cancerología, los cuales, en los inicios de la pandemia, cuando aún no había tratamiento, abrieron clínicas de tercer nivel para atender las enfermedades asociadas al sida. 


"Ya con el tratamiento antirretroviral, la reducción de la mortalidad por VIH en la Ciudad de México se logra de manera tan importante gracias al trabajo que hacen estas clínicas de tercer nivel, porque brindan atención en complicaciones muy serias como sarcomas, linfomas, tuberculosis diseminada y neuroinfecciones", dice.


Hoy, a través de un convenio con el INER, los usuarios de la Condesa se realizan en su laboratorio los análisis periódicos de control de carga viral y CD4.


De ahí que González concibe a la Clínica como una mezcla del trabajo de la sociedad civil, la colaboración médica "muy fortalecida" de los Institutos Nacionales de Salud y el compromiso de los 13 especialistas y médicos generales, todos ellos menores a 37 años, que atienden diariamente a un promedio de 200 pacientes VIH+.


Esta cifra se triplica, asegura Manuel Arellano, subdirector de Integración Comunitaria, al incluir a los atendidos en el laboratorio, la farmacia y las pruebas rápidas de detección del virus.


Contra la Saturación, Expediente Electrónico


Es fácil entrar a la Clínica Condesa. Sus puertas de cristal están abiertas y no hay guardia alguno que franquee o impida el paso tras preguntar el motivo de la visita, como ocurre en otras instituciones públicas de salud. Sus grandes domos iluminan las abiertas áreas de espera. Abundan los pacientes jóvenes y la mayoría se ven en buenas condiciones de salud.


La facilidad de acceso a sus servicios, agrega González, también fue un aspecto prioritario para el gobierno capitalino. 


"Es el único espacio donde una persona, al dar positivo en la prueba de VIH, ve primero a un médico que a una trabajadora social", asegura.


Ese acceso que por ley es universal a la prueba de detección de VIH, condición inmunológica (CD4) y de coinfecciones (sífilis y tuberculosis), paradójicamente representa un problema: la saturación del servicio.


"¿Qué haces con un derechohabiente del ISSSTE, por ejemplo, que tiene una carga viral muy alta y 40 CD4 (lo normal son más de mil y con menos de 200 la persona está enferma de sida), al que allá le dan cita dentro de seis meses? Lo atiendes porque lo atiendes, es un asunto de responsabilidad".


Hasta los 9 mil usuarios, reconoce la funcionaria, la Condesa operaba eficientemente. Hoy con más de 11 mil, las estrategias que se busca implementar para agilizar la atención son la generación de un expediente electrónico y la dotación semestral de medicamentos a los pacientes con niveles óptimos de CD4 y carga viral.


La migración voluntaria de los usuarios que viven en la Delegación Iztapalapa a la sucursal Jaime Sepúlveda Amor de la Clínica, es otra de las estrategias. Se prevé que cierre el año con mil pacientes.


La clínica surgió y se ha desarrollado con gobiernos perredistas en la Ciudad de México, ¿su permanencia está garantizada si ocurre una alternancia?


No me corresponde asegurarlo, pero dado que la Clínica ha sido el fruto de años de trabajo de la sociedad civil que logró una gran capacidad de gestión, no importa si hay una alternancia o un cambios de funcionarios, dado que aquí hay una fuerte presencia de esa sociedad civil que puede tomar decisiones según los intereses de la comunidad.


Orgullos: Lancet y Asesoría de pares


La reciente publicación de un artículo en la revista The Lancet Psychiatry, entre cuyos autores hay tres médicos de la Clínica Condesa, es un orgullo para la institución, comparte Andrea González, responsable de la atención para el VIH-sida de la Ciudad de México.


La investigación, realizada por Hamid Vega Ramírez, Jeremy Cruz-Islas y Víctor Rodríguez Pérez (junto con tres especialistas del Instituto de Psiquiatría y la UNAM), sugiere que "sería adecuado eliminar el diagnóstico de identidad transgénero de su clasificación actual como trastorno mental".


En el estudio participaron 250 usuarios de la Clínica Transgénero de la propia Condesa, que brinda tratamiento hormonal a hombres y mujeres con esta orientación sexual.


"No pensé que fuera a pasar (este cambio de apreciación sobre el ser transgénero), y ésta es la primera evidencia", confiesa González.


Destaca también como un orgullo de la Condesa la colaboración de la sociedad civil en sus servicios a través del Módulo de Atención en Derechos Humanos "Francisco Galván Díaz", que opera en sus instalaciones para apoyar a las personas VIH+ que han sufrido discriminación, y el Programa As-Par.


Este último, explica, es una asesoría de pares en el que hombres y mujeres seropositivos reciben "con calidez" a las personas cuya prueba de VIH dio positiva, para ayudarlos a asimilar el resultado desde su propia experiencia y explicarles cómo acceder y utilizar los servicios de salud para llevar una óptima calidad de vida.


TABLAS


PANORAMA DE LA CDMX


14.8% de los casos de VIH en el País están en la CDMX, alrededor de 30 mil.


3,655 personas con VIH fueron detectadas en la Ciudad en 2015.


0.79% Prevalencia de VIH en la CDMX (la más alta a nivel nacional).


EN LA CLÍNICA CONDESA...


11,000 personas tienen expediente abierto.


2,300 personas, en promedio, atiende el área de Detección de VIH y Consejería al mes.


12.7% es el porcentaje de VIH+ de las 27,600 pruebas realizadas en 2015.

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