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Oaxaca: mágica riqueza textil

Foto(s): Cortesía
Redacción

Ataviadas de huipiles con diversos bordados o trajes blancos como las nubes, las mujeres y hombres que dan vida al homenaje racial más importante de Latinoamérica, la Guelaguetza, exhiben en el escenario los trajes típicos de sus pueblos y comunidades.


Oaxaca es un estado cuya identidad y diversidad cultural se ve reflejada en sus indumentarias que portan sus mujeres de cada una de las ocho regiones. Los bordados plasman la flora, fauna y herencia de sus antepasados.


A través de sus huipiles, refajos, faldas, trenzas y en cada uno de los elementos que utilizan al vestir, las mujeres dan vida a la magia llena de colores de sus localidades y hasta su  forma de organización.


"Al hablar sobre textiles de Oaxaca, inmediatamente vienen a la mente algunas imágenes bastante conocidas, imágenes que conectan las telas con las poblaciones donde se elaboran. Así tenemos las flores istmeñas, las grecas de Teotitlán o las aves de la Cañada; o bien, basta pensar en las faldas de enredo con sus grecas de caracol, para que nuestra mente eche a andar hacia los pueblos mixtecos de la Costa", explica Héctor Meneses, director del Museo Textil, a través de un texto expuesto en sus instalacioanes.


El Istmo y el bordado de sus flores


Uno de los trajes más conocidos de manera mundial es el huipil del Istmo de Tehuantepec. Prueba de ello es que la pintora Frida Kahlo adoptó el atuendo tradicional como parte de su vestimenta cotidiana y lo dio a conocer de manera internacional.


Sin embargo, la indumentaria de la mujer istmeña es bella por sí sola. El traje de gala es el que más resalta a la vista, se utiliza en fiestas importantes en las comunidades y el atuendo del diario que es más sencillo.


El huipil es una blusa de manga corta y la enagua es una falda larga y ancha; se confeccionan en una gran variedad de colores y diseños de flores artísticamente matizadas a base de hilo de seda, que pueden ser bordadas a mano, tejidas a mano con aguja de gancho o tejidas en figuras de cadenillas que se elaboran mecánicamente.


El refajo es una falda blanca hecha con tres metros de tela y tres tiras bordadas que se utiliza como fondo.



El traje del Istmo de Tehuantepec, conocido internacionalmente por sus bordados de flores

La elaboración tarda hasta un mes y los costos varían desde los 7 mil a 10 mil pesos, pues se considera el trabajo y esfuerzo  que lleva a una persona elaborarlo.


San Antonino Castillo Velasco y su bordado


San Antonino Castillo Velasco, pueblo zapoteco originario de los Valles Centrales, de gente creativa y trabajadora, de gente honesta y de buena ley. Es cuna del Jarabe del Valle, pueblo de hortelanos y floricultores.


De su cocina son las empanadas de amarillo y entre sus artesanías está el bordado de su indumentaria "hazme si puedes".


El traje que portan las mujeres consta de un adorno en la cabeza que consiste en borlas y cordones de estambre de color verde o café, llamadas tlacoyales, que se trenzan con los cabellos; una blusa de mangas cortas de tela de popelina bordada a mano con hilos de seda con figuras de flores y animales de múltiples colores.


La falda, una manta de lana teñida de rojo o guinda con el color que produce la grana cochinilla del nopal. En la cintura llevan una faja tejida también con diferentes figuras y que sirve para sujetar la manta y al mismo tiempo de adorno. En hombros y brazos portan un rebozo de seda que les sirve para abrigarse de las inclemencias del tiempo, para arrullar a sus bebés y también de adorno. Calzan huaraches sencillos de cuero.


Los hombres portan gabán de manta almidonada y un calzón del mismo material, así como sombrero de lana, una cobija de lana tejida, con figuras de animales y plantas propias del campo. En la espalda una red de ixtle, en donde guardan sus alimentos. En los pies, calzan cacles de cuero duro, sin curtir.


Ejutla de Crespo y sus colores chillantes


Cuando en el escenario del auditorio Guelaguetza se escucha: "Ya llegaron los de Ejutla, con la alegría de sus sones", de inmediato evoca algo chispeante como su música. Lo que salta a la vista son los colores vistosos de sus faldas adornadas con bies negro, sus blusas bordadas en su pechera, trenza de tlacollales de colores, collar de papelillo y pulseras del mismo material, un refajo blanco de popelina adornado con embutido y tira bordada, almidonado para dar cuerpo a la falda y huaraches  de cuero de los llamado "pata de gallo".



En Ejutla de Crespo, las mujeres resaltan por sus blusas blancas con bordados en la pechera y sus faldas de colores chillantes

Intentan plagios


Los bordados en cada una de las indumentarias oaxaqueñas son únicos, llevan el esfuerzo de sus diseñadoras, el encanto de sus costumbres; sin embargo, firmas de grandes diseñadores extranjeros han intentado plagiarlos y mucho peor, patentarlas como suyos.


Artemia López, artesana textil de San Pedro Mártir, Ocotlán de Morelos, dice que en cada blusa que elabora con sus manos deja parte de su cultura y diseños propios. Hasta un mes tarda en terminar una sola blusa, pero ve con tristeza que algunas personas no saben valorar el trabajo.


“Un mes nos tardamos para el bordado sencillo y hasta seis para el fino; ahora sí que cobramos lo que estamos trabajando”, explica la mujer.


Dice que en San Pedro Mártir nació el bordado deshilado que “copió” sus vecinos de San Antonino Castillo Velasco; sin embargo, reconoce que su identidad como pueblos va plasmada en sus tejidos.



La blusa de San Pedro Mártir, Ocotlán, muy similar a la de San Antonino Castillo Velasco

La mujer considera necesario que se impulse el apoyo para que en Oaxaca, las comunidades puedan patentar sus bordados existentes y con ello se impida el robo o plagio que hacen grandes firmas de ropa.

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