La Selección Mexicana de Futbol escribió una página de gloria absoluta. En una tarde espectacular que quedará grabada a fuego en la memoria de las miles de gargantas que hicieron vibrar el Estadio Ciudad de México, el Tricolor derrotó 2-0 a Sudáfrica, consiguiendo la primera victoria en su historia en un partido inaugural de la Copa Mundial de la FIFA.
Atrás quedaron los fantasmas y las dudas. Hoy, el equipo de todos saltó a la cancha con el cuchillo entre los dientes y le regaló a todo un país un debut mundialista de auténtico ensueño.
EL RUGIDO DE LA PANTERA
Apenas nos estábamos acomodando en la butaca y la transmisión apenas calentaba motores cuando, al minuto 9, el estadio simplemente explotó. Julián Quiñones demostró su valía y por qué es el as bajo la manga de este equipo. Con un olfato asesino dentro del área, la Pantera mandó a guardar la de gajos para poner el 1-0. ¡Un grito de gol que liberó la tensión de más de 130 millones de mexicanos!
Pero no todo fue miel sobre hojuelas. Los Bafana Bafana se vieron superados y empezaron a repartir leña; el partido se volvió ríspido, trabado, una auténtica guerra en el medio campo. La presión les pasó factura a los sudafricanos, que perdieron completamente la cabeza y terminaron el encuentro con nueve hombres tras dos expulsiones.
Cuando el partido estaba en su punto más caliente y de mayor tensión táctica, apareció la jerarquía pura. Corría el minuto 67 cuando el Lobo de Tepeji, Raúl Alonso Jiménez, hizo estallar de nuevo al Coloso de Santa Úrsula. Con esa frialdad de delantero de élite, marcó el 2-0 que sentenció el partido y convirtió a la capital del país en una auténtica sucursal del manicomio.
En el fragor de la batalla, César “Cachorro” Montes también se enganchó en la fricción y vio la tarjeta roja directa. Una baja sumamente sensible para la central mexicana que le dará dolores de cabeza al cuerpo técnico de cara al segundo partido de la fase de grupos.
Hoy se vale soñar, familia. México tiene sus primeros tres puntos en la bolsa, rompe un maleficio histórico y manda un mensaje clarísimo al resto del mundo: en nuestra casa y con nuestra gente, al Tricolor se le respeta.
