El sábado 25 de julio, Alebrijes de Oaxaca abre su Apertura 2026 en Yucatán, frente a Venados, y el 30 de julio se presenta en el Estadio del Instituto Tecnológico de Oaxaca ante Dorados de Sinaloa. Es la rutina de siempre: pretemporada, calendario, boletos, la Mezcalera en la grada y hasta búsquedas paralelas sobdre cómo activar la promoción de Novibet en México, habituales alrededor del ecosistema digital del fútbol. Lo que cambió esta vez es que el club oaxaqueño arranca una temporada en la que, por reglamento, ganar todo no sirve para subir a ningún lado.
El artículo 35 llegó antes que el silbatazo
El 23 de julio de 2026, la Federación Mexicana de Futbol publicó el Reglamento de Competencia de la temporada 2026-2027. En el Artículo 35 quedó escrito que, derivado del acuerdo del Comité Ejecutivo de la FMF, a partir de esa temporada los clubes de Liga MX no descenderán a Expansión MX y los de Expansión MX no ascenderán a Liga MX. La redacción no deja margen de interpretación y, según reportaron Récord, Infobae y TUDN, tampoco sobrevivieron las multas económicas que pagaban los tres peores promedios de la tabla de cocientes.
El detalle no es menor porque contradice la expectativa que el propio futbol mexicano había construido. El Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) resolvió el 4 de septiembre de 2025 a favor de la FMF, pero al hacerlo fijó que la última campaña afectada por la suspensión era la 2025-2026. La lectura generalizada fue que el mérito deportivo regresaría en 2026-2027. El reglamento publicado en julio dice otra cosa.
Oaxaca conoce ese techo mejor que nadie
Alebrijes no es un espectador neutral de este debate. Es, probablemente, el club que más cerca estuvo de cruzar la puerta antes de que la cerraran.
En el Apertura 2017 el equipo oaxaqueño ganó su primer título de la división de plata al vencer a FC Juárez en una final que se definió en tiempos extras. Dos años después repitió: en el Apertura 2019 se coronó ante Atlético Zacatepec con global de 5-3, cerrando la serie en casa con un empate 2-2 que desató la fiesta en el Templo Alebrije. Ese campeonato valía medio boleto a Primera División, porque el formato de entonces obligaba al campeón del Apertura a enfrentar al del Clausura 2020 en una final por la promoción.
Esa final nunca se jugó. La pandemia detuvo el Clausura 2020 y el 24 de abril de ese año la Asamblea de la FMF aprobó suspender el sistema de ascenso y descenso durante seis temporadas. Alebrijes se quedó con la mitad del boleto en la mano y sin nadie enfrente. A eso hay que sumar el subcampeonato de Copa MX en el Clausura 2014 ante Tigres, cuando el club oaxaqueño se convirtió en el primer equipo de Ascenso MX en disputar esa final contra uno de Primera.
El dinero que compró seis años de calma
La suspensión no fue gratuita. A cambio, la FMF instauró el llamado Fondo de Mejoras, un subsidio anual de 20 millones de pesos por club de Expansión MX, dispersado en mensualidades y condicionado a que cada institución acreditara manejo financiero sano y procesos internos sólidos. El recurso salía, en buena medida, de las multas que pagaban los peores promedios de la Liga MX. Según la línea del tiempo que la propia Federación difundió en mayo de 2025, el desembolso acumulado rondó los 1,100 millones de pesos, con un resultado incómodo: solo dos clubes, Atlante y Leones Negros, alcanzaron la certificación para ascender.
El acuerdo traía además una cláusula decisiva. Quien demandara a la FMF perdía el subsidio mientras durara el litigio. Cuando diez clubes acudieron al TAS el 19 de mayo de 2025, el pago del día 18 simplemente dejó de llegar. Alebrijes fue uno de esos diez demandantes y también uno de los cuatro que después retiraron su apelación, junto con Atlante, Cimarrones de Sonora y Jaiba Brava. El procedimiento siguió con seis: Atlético La Paz, Atlético Morelia, Cancún FC, Mineros de Zacatecas, Venados y Leones Negros. La audiencia se celebró el 28 de agosto de 2025 en la Ciudad de México.
La certificación como candado
Aquí aparece el verdadero techo de cristal. Aun cuando el ascenso deportivo hubiera regresado, subir nunca dependió solo de ganar. El modelo de certificación exige infraestructura, viabilidad administrativa y respaldo financiero. Récord reportó que los aspirantes deberían acreditar un patrimonio mínimo cercano a los 30 millones de dólares, y en la etapa previa a 2020 el reglamento pedía estadios con aforo superior a 20 mil espectadores.
El Estadio del Instituto Tecnológico de Oaxaca, inaugurado en marzo de 2016 con un amistoso ante Pumas, se anuncia con capacidad para poco más de 17 mil lugares y fue diseñado para poder crecer hasta 25 mil. Ya en 2018, cuando Alebrijes peleaba por certificarse, la prensa local documentaba que la ampliación carecía de proyecto ejecutivo y que faltaban miles de butacas. Ocho años después, el club sigue jugando en un inmueble público que cumple para la Expansión y no para la Primera.
Atlante mostró cuál es la puerta que sí abre
Mientras el ascenso deportivo se congelaba, alguien encontró la ruta alterna. El 23 de abril de 2026, Atlante anunció su regreso a la Liga MX tras adquirir el certificado de afiliación que pertenecía a Mazatlán FC, en un acuerdo con Grupo Salinas avalado por la Asamblea de Dueños. Doce años después de su descenso, los Potros volvieron al máximo circuito sin necesidad de una final de ascenso.
El mensaje que llega a Oaxaca es difícil de malinterpretar. La vía para llegar a Primera División existe, pero pasa por una mesa de negociación y una chequera, no por una liguilla. Es exactamente el modelo que la Liga MX viene acercando al de la MLS, con franquicias y plazas en lugar de mérito deportivo.
Entonces, ¿para qué sirve la Expansión?
La respuesta oficial es el desarrollo. La liga presume que futbolistas como Raúl Rangel, Mateo Chávez, César Huerta, Armando González y Guillermo Martínez pasaron por sus canchas antes de llegar al Mundial. Es un argumento real y verificable, y explica por qué el circuito recibió para este Apertura 2026 a Cruz Azul Hidalgo, Piratas de Veracruz y Alacranes de Durango, mientras Irapuato quedó fuera. Una liga de formación tiene sentido para las filiales, que por definición nunca iban a ascender.
El problema es que Alebrijes no es una filial. Es un club con identidad territorial, camisetas inspiradas en el trabajo textil oaxaqueño y una afición construida durante más de una década. Y cuando el estímulo deportivo desaparece, lo primero que se erosiona es justamente eso. La franquicia original ya había estado a punto de mudarse en 2019 por baja asistencia, y sobrevivió gracias a que Víctor Sánchez Ayala descongeló la franquicia de Zacatepec Siglo XXI para instalarla en Oaxaca. En diciembre de 2024 se reportó interés desde Veracruz por llevarse el equipo, y en enero de 2026 Milenio y Mediotiempo publicaron que la plaza podría mudarse a Irapuato. Nada de eso ocurrió, y Alebrijes sigue en el Tecnológico, pero la lista de rumores dice mucho sobre la fragilidad de un club al que el sistema le quitó el único incentivo que lo ataba a una ambición mayor.
Una segunda división sin ascenso no deja de ser futbol. Deja de ser una carrera. Y para una plaza como Oaxaca, que ya levantó dos trofeos y estuvo a un partido de la Primera División, la diferencia entre esas dos cosas es exactamente el tamaño del techo.
¿Tú qué opinas: la Liga de Expansión debe seguir existiendo como liga de formación o el futbol mexicano necesita recuperar el ascenso deportivo aunque cueste dinero y estabilidad?
