Cielito | Última de dos partes
—Señora, es un placer conocerla —dijo el Estudiante sonriendo.
Tía Praxedis tomó de la mano a Cielito y antes de retirarse, recorrió, en un segundo, al joven: un mechón de su cabello ondulado le acariciaba la frente, vio en sus ojos el verde de su blusa y cuando observó sus labios, se quedó un instante estática. Inmediatamente, sacudió y jaló la mano de Cielito y dejaron la fiesta.
—No me gusta ese joven, hija.
—Pero, mamá… ¿qué no te gusta?
—No sé, algo, y no lo volverás a ver.