Noé Díaz Ibáñez refleja su fascinación por los insectos a través del arte
Originario de la Villa de Etla, donde el quesillo se enreda entretejido por una madeja blanca, que se deshace en el comal como si fuera una melcocha, Noé Díaz Ibáñez realiza sus primeros estudios en su tierra natal, para más tarde desplazarse a la capital oaxaqueña e inscribirse, tal como deseaban sus padres, en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, en la carrera de Administración de Empresas, la cual ejerce; pero desde su infancia había querido ser artista plástico, lo que le impidieron sus padres porque no era una carrera "que diera para comer".