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¡2 de octubre no se olvida!

“Nunca hemos llorado tanto como en esos días, si, nosotras las mujeres. Como si quisiéramos lavar a fuerza de lágrimas todas las imágenes, todos los muros, todas las aristas, todas las banquetas de piedras manchadas de sangre de Tlatelolco”. (Perla Vélez de Aguilera, madre de familia).
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Leonardo Pino

 

El año 1968 marcó un parteaguas en la segunda mitad del siglo pasado. Luchas por la paz, la igualdad y los Derechos Humanos – dadas en un contexto de confrontación entre las dos potencias imperantes - dejaron una impronta libertaria en la política, la cultura y la moral establecida. 

Hechos trascendentales, protagonizados por grandes sectores emergentes del mundo occidental, modificaron el orden establecido y marcaron a toda una generación que, en las décadas posteriores, produjo extraordinarios cambios sociales. El impacto fue tan profundo y potente que diversas ondas generadas entonces, continúan propagándose ahora.

Quizás los acontecimientos más conocidos de ese año prodigioso, sean las protestas estudiantiles que se manifestaron en Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Polonia, Italia y Japón; pero la única revuelta que terminó en tragedia fue la mexicana.

Era un delito ser joven en esos años obscuros del país. Por eso, el movimiento estudiantil respondió a la encrucijada con lúcida resistencia; incluso salió del gueto sureño y se volcó a las avenidas atestadas, a marchar en silencio, a construir una ciudad universitaria entre la muchedumbre. “Se trataba de incorporar otros sectores, no excluirlos; -dice Raúl Álvarez Garín, militante histórico del ’68- lo que está en disputa permanente tiene que ver con el resto de la sociedad. Es decir, había que incorporarla, si no, el movimiento podía malograrse”.

Antes de sumirse en el movimiento popular, los estudiantes se congregaron en un Comité; ahí confluyeron las escuelas de la UNAM y del Poli, las escuelas normales, el Colegio de México, la Universidad de Chapingo, la Iberoamericana, Lasalle y muchas de provincias, como la UABJO. Así quedó conformado el Comité Nacional de Huelga (CNH).

“Nos podrán reprimir, matar, encarcelar, podrán hacer las barbaridades que quieran, pero el movimiento no se va a vender. Estas cosas no se dicen de gratis, están en la mente de todos”, amplía Raúl, el emblemático.

Con el ejército en CU, el CNH decide no regresar a clases y convoca a una gran reunión a cielo abierto, el 2 de octubre en Nonoalco-Tlatelolco, en la explanada donde convergen tres momentos de la Patria impecable, diamantina y dolorosa.

Testimonios

En recordatorio de aquel día en que el Estado reprimió la gran manifestación de estudiantes, maestrxs y madres y padres de familia, compartimos fragmentos del libro canónico, compilado por Elena Poniatowska: La noche de Tlatelolco.

* “No es que yo me metiera al Movimiento Estudiantil; ya estaba dentro desde hace mucho (…) Aquí no hay improvisación, ni “puntada”, ni “buena onda”. No se trata de eso. Se trata de defender todo aquello en que creemos, por lo que siempre hemos luchado y antes de nosotros nuestros padres y los padres de nuestros padres”. (Raúl Álvarez Garín).

* “Preveíamos los cocolazos, las detenciones masivas, estábamos preparados para la cárcel, bueno, más o menos, pero no previmos la muerte”.

(Gilberto Guevara Niebla, delegado al Consejo Nacional de Huelga).

*“La calle se ganó cuando entramos al Zócalo el martes 13 de agosto, porque se rompió un tabú.” (Salvador Martínez de la Roca, delegado al CNH por la Facultad de Ciencias de la UNAM).

* “Aquella primera represión desató otras, completamente insensatas que partieron en dos la opinión nacional: acá los hombres del poder y la gran propiedad; allá los estudiantes, los profesores, los intelectuales y buena parte del pueblo”. (Ricardo Garibay, escritor). 

*“Nunca en el Movimiento Estudiantil hubo una organización más representativa y nunca una en que todos los estudiantes sintieran como suya”. (Pablo Gómez, Escuela de Economía de la UNAM; actual titular de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral). 

*“Los problemas de los jóvenes solo pueden resolverse por la vía de la educación, jamás por la fuerza, la violencia o la corrupción”. (Ing. Javier Barros Sierra, Rector de la UNAM) 

*“El helicóptero disparaba y empecé a oír tiros en el cielo. Tiraban a lo bestia. Por eso se incendió el edificio Chihuahua”. (Estrella Sámano, estudiante).

*“Los gritos, los aullidos de dolor, los lloros, las plegarias y el continuo y ensordecedor ruido de las armas, hacían de la Plaza de las tres Culturas un infierno de Dante”. (Diana Salmerón de Contreras).

*“La sangre de mi hija se fue en los zapatos de todos los muchachos que corrían por la plaza”. (Dolores Verdugo de Solís; madre de familia). 

*“¿Quién se salvó? ¿Se salvaron los muchachos? ¿Están todos? ¿Se salvó Marta? ¿Viste a Juan?” (Rosalía Egante Vallejo, estudiante de Biología, UNAM).

“¿Quién cobrará esta deuda de sangre? ¿Quién vengará a nuestros muertos?” (Mercedes Olivera de Vázquez, antropóloga).

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