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Segundo Convite convierte a Oaxaca en un escenario de fiesta, orgullo y tradición

Foto(s): Cortesía
Alexandra Zolorio

Un estruendo de cohetes rompió el silencio de la Cruz de Piedra y el Barrio de Xochimilco se transformó, de golpe, en un torbellino de júbilo. Las calles empedradas de la capital oaxaqueña se tiñeron de fiesta este viernes con el paso del segundo Convite de la Guelaguetza 2026, un desfile que no solo anuncia la cercanía del Lunes del Cerro, sino que desborda el orgullo de los Valles Centrales en cada rincón.

Al frente del contingente, guiando los pasos de miles de almas, avanzaba Enid Azucena Torres Agustiniano, la Diosa Centéotl 2026. Con un porte que destilaba reverencia por sus raíces, la representante de la deidad del maíz encabezó un recorrido donde el aroma a mezcal, los canastos floridos y el girar de los listones multicolores envolvieron el Centro Histórico.

 

Barrios con memoria y pueblos que hacen historia

El convite fue un viaje por la memoria viva de la ciudad. Las canasteras de Trinidad de las Huertas —ese antiguo barrio de hortelanos que dio vida a la legendaria Noche de Rábanos— avanzaban con paso firme, desafiando la gravedad con enormes arreglos sobre sus cabezas. A su lado, el Ex Marquesado, uno de los rincones más antiguos de Oaxaca, demostró que la identidad urbana de la capital late al ritmo de la tradición.

La algarabía subió de tono con la llegada de San Antonio de la Cal. La "cuna de la tlayuda" desfiló con el orgullo intacto de quienes ya saben lo que es hacer historia, tras su debut en la Rotonda de la Azucena el año pasado. Sus mujeres, de faldas amplias y sonrisas francas, contagiaron la energía de un pueblo que alimenta a Oaxaca.

 

Un mosaico de fandango, sones y nostalgia

Atrás, el eco de los tambores de Santo Tomás Mazaltepec evocó la devoción de sus fiestas patronales, abriendo paso a los sutiles giros de Santa Cruz Xoxocotlán. La delegación de "Xoxo", famosa en el mundo entero por sus místicas velaciones de Día de Muertos, demostró que su gente también sabe celebrar a la vida, poniendo a locales y turistas a bailar al ritmo de su fandango tradicional.

El clímax musical llegó con las notas del Jarabe del Valle y el entrañable Son del Panadero, interpretados magistralmente por la delegación de San Antonino Castillo Velasco, cuyos hilos de seda bordados en sus trajes parecían danzar por cuenta propia.

Cuando el contingente desembocó finalmente en la Alameda de León, el veredicto de la tarde ya estaba dictado: entre aplausos, ovaciones y un derroche de identidad, este segundo convite dejó claro que la mesa está puesta, los corazones encendidos y Oaxaca, oficialmente, está de fiesta.

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