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Camila Fabbri retrata a una generación herida

Mario Rivera/Agencia Reforma

 

CIUDAD DE MÉXICO.- La situación que lo desencadenó todo es fácilmente consultable para quien no la tenga en la memoria: el 30 de diciembre de 2004, durante un concierto de rock, un incendio en el foro escénico República Cromañón, en Buenos Aires, resultó en la muerte de 194 personas y dejó mil 432 heridos, sobre todo jóvenes.

Esta tragedia, podría decirse, está en el centro de la novela El día que apagaron la luz, Almadía, de la argentina Camila Fabbri, pero sería un error, como señala la propia autora, decir que se trata de ello.

Compuesto de testimonios, recuentos personales de la escritora y un coro de voces que trazan un anecdotario oral, el libro retrata, más bien, a una generación herida desde muy temprano por la fatalidad.

"Esto fue una educación sentimental de una generación", dice Fabbri en entrevista, quien dedica el libro a "los chicos y las chicas de República Cromañón", como una carta.

"No necesariamente sólo de la gente que estuvo, de este recorte que se hace de la gente cercana, o de la gente que estuvo esa noche, me parece que hay algo a nivel generacional que todos y todas sintieron: '¿Qué pasa si yo hubiera estado ahí?'; eso me parece que es una pregunta que se hizo y que latió mucho durante muchos años y que tal vez sigue estando cada vez que se pasa cerca de ese lugar", relata.

El incendio, causado por una bengala lanzada desde el público, ocurrió en el tercero de una serie de conciertos que la banda de rock urbano Callejeros ofrecía para sus seguidores más acérrimos en el lugar, que esas noches estuvo irresponsablemente sobrevendido por los organizadores y con la salida de emergencia clausurada para evitar portazos.

La novela abre con el relato en primera persona de Fabbri, quien, a los 15 años, asistió al segundo de los tres conciertos, al momento de un ataque de ansiedad en el transporte público, en un aniversario de lo ocurrido, más de una década después.

"No hay milésima de suceso irregular en donde yo no conciba de inmediato lo trágico", como confiesa más adelante.

 Como a ella, pero también de modos radicalmente distintos, sobrevivientes de ese jueves negro, personas que perdieron a seres queridos, e incluso algunos que se enteraron por el noticiero y no conocían a nadie adentro, relatan su historia particular con el suceso.

 "Yo creo que fue una de las tragedias sociales más grandes que hubo en Buenos Aires. No sólo por la cantidad de damnificados, sino también por ser una tragedia joven, de gente realmente muy joven", explica Fabbri.

Concebida como una novela de no ficción, el libro alterna entre la narración, en pasado, de Fabbri y en su búsqueda en tiempo presente por reencontrarse con los muchachos de su época escolar para indagar sobre las marcas que el incendio dejó en ellos.

 "Me gusta llamarlo libro-Frankenstein, en el que todas estas capas y capas empezaron a convivir y me parece que es una lectura activa, de alguna manera, porque uno no termina nunca de instalarse en un presente narrativo, ahí hay distintas situaciones", reflexiona.

Ahí está, por ejemplo, la historia de Joaquín -no su verdadero nombre-, un muchacho cuyas quemaduras lo llevaron al borde de la muerte y que los médicos del hospital que recibió a la marejada de heridos apodaron "Milagrito" por su recuperación sorprendente.

Una frase del relato de Joaquín, dicha por él mismo, de alguna forma encapsula los temas que recorren el libro: "Los cuerpos jóvenes se curan más rápido".

"Siento que fue como uno de los puntapiés iniciales del libro, eso que él dijo, que cuando lo dijo yo lo escuché de otra manera y me pareció que podía ser cierta hipótesis", apunta Fabbri.

 "Esa ironía que hay en ese comentario de que por ser joven había una cosa tácita de que tenían que sanar rápido, de que tenían que seguir adelante, pese a lo que hubiera pasado, una vez que ya estuvieran recompuestos había que arrancar la vida de vuelta porque eran muy jóvenes.

 "Como esa demanda que se le hace a la juventud de que nada puede pasar y aunque pase hay que continuar y no detenerse; me parece que había como cierta demanda en ese sentido y él, a la vez, es una persona que la pasó muy mal, que estuvo realmente muy grave", reflexiona.

La novela también está plena de pasajes que evocan los años felices de una generación que se volcó al rock urbano, contestatario y con orgullo de clase, de una tribu urbana apodada rollingas en Argentina.

"En su momento, como toda tribu urbana, había lo que nos identificaba, que tenía que ver con la vestimenta, con remeras de bandas, con jeans, o con los shorts de jean, como mucho jean, y con muchos collares de bandas; llevar adelante la insignia de la banda era como una de las consignas más importantes, en la ropa, en parches en la ropa, como que esté muy presente eso", recuerda Fabbri.

"También había mucho del peinado, el típico corte rollinga, que es con flequillo y pelo lacio; tenía mucho de cancha de fútbol también, como de remeras de equipo de fútbol. Había algo muy barrial, como del encuentro en la esquina a tomar cerveza, a compartir con los amigos, las amigas, con los novios, las novias, con las guitarras".

Dentro de los recursos que utiliza la escritora para su libro-Frankenstein, destaca la transcripción, prácticamente directa, de una treintena de audios de WhatsApp en la que conocidos suyos responden a la pregunta: ¿Qué estabas haciendo esa noche?.

Las respuestas, que van desde testimonios sentidos, hasta "no me acuerdo" y "me parece morboso y no le interesa a nadie", constituyen un relato coral de una tragedia que a nadie dejó intocado.

"Yo no tengo muy en claro cuál es mi proceso interno con todo esto, todavía no lo sé", dice, por su parte, Fabbri, quien este año fue seleccionada por la prestigiosa revista Granta como una de las mejores narradoras jóvenes en español.

"Sé que me alegra mucho haber podido producir algo con todo eso, haber podido volver realidad, o volver objeto todas esas ideas, que todo eso esté entre dos tapas y sea un libro que tiene un nombre, eso me parece que me da como cierto orgullo y cierta tranquilidad de haber podido.

"En todo lo que es más internamente, esos miedos, o esas sensaciones de terror al acecho, eso yo creo que todavía sigue estando y no sé bien cómo se diluye", reconoce también. "Una de cal y una de arena".

Indeleble, la tragedia de República Cromañón, o más bien, de la generación que vive atravesada por ella, tiene en El día que apagaron la luz un retrato y, también, una carta.

 

 El libro

 El día que apagaron la luz

 Camila Fabbri

 Editorial Almadía

 144 páginas