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“Artistas de Oaxaca”, nuevo libro de Jorge Pech Casanova

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Staff

El libro de ensayos “Artistas de Oaxaca. Evocación de ausencias, vindicación de presencias”, publicado por Almácigo Ediciones, es el primer volumen de un amplio estudio que Jorge Pech Casanova (Mérida, 1966) desarrolla en el estado de Oaxaca, entidad reconocida por el número y la calidad de artistas plásticos que ha dado a México y al mundo.

“Artistas de Oaxaca. Evocación de ausencias, vindicación de presencias” reúne doce ensayos, once de ellos dedicados a los pioneros maestros del arte en Oaxaca a partir del siglo XIX: José Francisco Bonequi, Armando García Núñez, Rufino Tamayo, Francisco Gutiérrez, Rodolfo Morales, Rodolfo Nieto, Francisco Toledo, Jesús Urbieta, Alejandro Santiago, Edmundo Aquino y Arnulfo Aquino.

El ensayo final del volumen es una mirada a la producción de las artistas Nancy Canseco, María Elena García Domínguez, Justina Fuentes, Irma Guerrero, Laurana Toledo, Laurie Litowitz, Marcela Taboada, Trine Ellitsgaard, Judith Romero, Edith Eppenberger, Susana Wald, Rowena Galavitz, Cristina Luna, Ivonne Kennedy, Miriam Ladrón de Guevara, Paola Capón, Sara Corenstein, Judith Ruiz, Siegrid Wiese, Soledad Velasco, Emi Winter, Valerie Campos, Natividad Amador, Alejandra Villegas y Ana Santos, entre otras.

El capítulo final también analiza el movimiento de las mujeres en el arte mediante colectivos, detallando las trayectorias de las agrupaciones Arte Guenda, Mujeres Artistas Creando Movimiento, Artistas Mujeres de Oaxaca, Guindha Casa Taller, Armarte y Hoja Santa.

En su nuevo libro, el ensayista, poeta, novelista y guionista Pech Casanova señala: “¿Qué esperar de la noción arte en Oaxaca? La respuesta estará lejos de satisfacer a los interesados y hasta a quienes no se han preguntado por ella. En 1992, la escritora Elisa Ramírez se hizo una pregunta que solía recibir respuestas aprobatorias sin mayor reflexión: ‘¿Existe una Escuela Oaxaqueña de Pintura? Si tal… ¿Cuál es su peculiaridad? ¿Existe algo que necesariamente compartan, además del azar geográfico de su nacimiento?’” Pech Casanova detalla que Elisa Ramírez enumeró siete puntos que son muy útiles para entender el fenómeno de las artes plásticas en Oaxaca: “1) Un pasado y un presente indígenas; 2) arquitectura y festividades religiosas; 3) paisaje; 4) los materiales; 5) arte popular; 6) ‘una idea de Oaxaca construida desde el exterior’; y 7) influencias inmediatas (Tamayo, Nieto, Morales y Toledo)”.

El autor del nuevo libro agrega que en 1999 el crítico Robert Valerio corroboró “la idea de Oaxaca construida desde el exterior”, así como los materiales de la plástica oaxaqueña en “Atardecer en la maquiladora de utopías”, libro pionero que abarca el período de 1985 a 1995. Posteriormente, añade el ensayista radicado en la capital oaxaqueña, el volumen “Imágenes en Oaxaca. Arte, política y memoria”, de Abraham Nahón, recapituló el desarrollo de las artes en Oaxaca hasta 2017.

Pech Casanova aclara que, por razones de espacio, su libro es de carácter didáctico. No abarca el análisis a profundidad que Valerio y Nahón han aportado a la crítica de arte en Oaxaca.

“La intención de mi libro —subraya— es reunir las biografías de once artistas nacidos en Oaxaca que contribuyeron a fundar producciones que son importantes no sólo para la historia cultural del estado, sino de México y el mundo en varios casos: desde el decimonónico Bonequi hasta el recién desaparecido Arnulfo Aquino, pasando por García Núñez, Tamayo, Gutiérrez, Morales, Nieto, Toledo, Urbieta, Santiago y Edmundo Aquino”.

El autor de libros como “Hermoso mundo de pecado” y “Autoras de la Edad Moderna” rememora que su editora, la poeta Nallely Tello, le hizo ver la importancia de complementar la visión sobre el pasado de las artes oaxaqueñas con una mirada al presente, y de ahí surgió el capítulo final, el cual subraya la presencia de las mujeres en la plástica oaxaqueña.

Ese capítulo conclusivo, añade el crítico de arte, deberá amplificarse en un volumen posterior, junto con la contribución de los maestros que siguen pintando, dibujando, esculpiendo y produciendo gráfica en el ámbito oaxaqueño. “Recién terminé el segundo volumen de esta investigación, también dedicado a otros artistas fallecidos, y el siguiente proyecto deberá ser el volumen dedicado íntegramente a las mujeres artistas en Oaxaca”, anuncia.

“A su tiempo —anuncia el ensayista— otro libro examinará con amplitud la obra de varias maestras de las artes plásticas: Nancy Canseco, Justina Fuentes, Irma Guerrero, Nina Mayés, Susana Wald, Beatriz Russek, Laurie Litowitz, Rowena Galavitz, María Rosa Astorga, Judith Romero, Natividad Amador, Soledad Velasco, Peace KAT, Miriam Ladrón de Guevara, Ivonne Kennedy, Emi Winter, Alejandra Villegas, Ana Santos, Siegrid Wiese y otras creadoras”.

En cuanto a su libro más reciente, el escritor explica que “en el arco narrativo que trazan los textos aquí agrupados, se congregan las ausencias de maestros fundacionales del arte en Oaxaca con las presencias crecientes de las maestras que hoy trazan nuevas direcciones a una tradición artística configurada desde fines del siglo XIX y aún fructífera en el siglo XXI, con una diversidad que da pie para completar el tumultuoso y cambiante panorama de las artes en Oaxaca de 1975 a 2025, período que será tema de futuros volúmenes”.

Jorge Pech Casanova nació en Mérida, Yucatán, en 1966. Vive en Oaxaca desde 1997, donde ha sido coordinador de exposiciones en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca y en el Museo de los Pintores Oaxaqueños. Es autor de varios libros de poemas y de ensayos, como “Hermoso mundo de pecado” (Almácigo Ediciones, 2024) y “En tiempos de penuria” (Almadía, 2007), del libro de cuentos “Cañón largo, acabado azul” (FR Editor, 2023), y de la novela histórica “Juntos en el infierno” (Ediciones B, 2017).

Pech Casanova ha realizado cinco documentales, el más reciente en 2025, “Aquí nació y creció mi espíritu”, para CORTV, sobre el pintor Shinzaburo Takeda. El autor diseñó y dirigió en días recientes el espectáculo escénico de poesía y música “Canto a un dios mineral”, con textos de Jorge Cuesta, José Gorostiza y Carlos Pellicer.

Este mismo año el escritor publicará el segundo volumen de su investigación “Artistas de Oaxaca. Magisterios polémicos, futuros interrumpidos”.

Fragmento del libro, capítulo “Mujeres artistas. Vindicación de lo visible”

 

El panorama creativo de Oaxaca está dominado por tres o cuatro figuras tutelares masculinas, dependiendo del gusto de los observadores o del rigor estético con que se mire este paisaje: si la mirada atiende al interés estético, las figuras tutelares son tres: Rufino Tamayo, Rodolfo Nieto, Francisco Toledo; a esas tres figuras se puede agregar la de Rodolfo Morales, y aun las de tres artistas fallecidos prematuramente, quienes en su carrera trunca dejaron lecciones creativas duraderas: Francisco Ángel Gutiérrez, Jesús Urbieta y Alejandro Santiago.

Salta a la vista en este repaso la ausencia de reconocimiento a figuras femeninas. Si bien el arte en Oaxaca nació desde la época prehistórica y se desarrolló con alta probabilidad en manos femeninas, ningún nombre de grandes creadoras se registra actualmente en la historia del arte en esa entidad mexicana. Quedan, sin embargo, testimonios indiscutibles de la importancia de la mujer en la cosmovisión y la historia de los pueblos originarios de Oaxaca; por ejemplo, en la llamada Cueva del Rey Konk Oy, en la Sierra Mixe, se conservan esculturas de mujeres que acaso fueron moldeadas por manos femeninas; en una tumba de la ciudad sagrada de Monte Albán fue desenterrada una de las obras más notables de la escultura indígena en cerámica: la Señora con Yelmo de Jaguar, efigie de una gobernante que ahora puede ser admirada en el Museo de Historia Regional de la ciudad de Oaxaca. Más recientemente, dentro de ese flujo de acreditada sabiduría autóctona, la figura de la chamana poeta María Sabina ejerce una influencia indiscutible en visiones artísticas de todo el mundo. Y sería una ligereza olvidar a la hija de una mujer mestiza del istmo de Tehuantepec —Matilde Calderón—, adoptada como ícono de la feminidad tanto como del feminismo: la doliente pintora Frida Kahlo.

Recordando este linaje de las expresiones artísticas en Oaxaca, en un momento de eclosión de las producciones artísticas en el territorio, sorprende que ninguna figura femenina se coloque junto a los tres o cuatro máximos exponentes de las artes plásticas oaxaqueñas. Este fenómeno de invisibilización de la creatividad de las mujeres es fácil de explicar si se tiene en cuenta el avasallante machismo y la discriminación institucionalizada que subsisten en la cultura mexicana; con particular intensidad, en la sociedad de Oaxaca.

En un medio como el oaxaqueño, el mercado del arte mantiene la hegemonía de sus protagonistas cerrando oportunidades a la competencia; este medio, por lo mismo, se halla despojado de opciones objetivas asequibles en otras entidades mexicanas para valorar el trabajo de creación estética (como la crítica universitaria o de academias de arte). 

En consecuencia, la obra plástica de las mujeres suele ser postergada en Oaxaca, cuando no completamente desechada. Un repaso a las estadísticas (a las cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, por ejemplo) permite comprobar que, oficialmente, el número reconocido de creadores sobrepasa al de las creadoras en esta sociedad; asimismo, cualquier revisión a espacios galerísticos y museísticos de casi todo el estado arroja una desventaja numérica innegable en cuanto a exhibiciones en que predominen mujeres. 

Se pretende explicar esta minoría de muestras femeninas con argumentos de rigor estético, pero esta explicación resulta invalidada por numerosos ejemplos de expresiones y exposiciones artísticas de hombres cuyo mérito técnico, intelectual y creativo se evidencia escaso. Sin embargo, las producciones masculinas son privilegiadas en los principales espacios públicos de la capital oaxaqueña.

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