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Foto(s): Cortesía

Con "Bixhia", Ana Hernández refrenda lazos zapotecas

Carina Pérez García

Texto y fotos: Carina Pérez García

El rescate de la memoria, los saberes y el hacer comunidad, son hilo conductor en la obra de la artista Ana Hernández (Santo Domingo Tehuantepec, 1991). Movida por la tonalidad del zapoteco, su lengua natal y por la danza ritual prehispánica “Sa Benda Bixhia” (Danza del Pez), desde hace siete meses comenzó a trabajar en las piezas que exhibe en su exposición “Bixhia”,  una reflexión sobre la identidad grupal de los pueblos originarios del territorio oaxaqueño.

En la NN Galería muestra las 65 piezas que integran “Bixhia”, exhibición en la que presenta diversos formatos y técnicas, desde sus conocidos textiles, hasta objetos, dibujos, escultura, instalación y una carpeta de gráfica. El dorado es una constante y lo manifiesta así: “Está presente porque es el oro que se llevaron”. 

La versatilidad de la artista la hace transitar sobre la necesidad de reforzar los lazos comunitarios, le reafirman esa resistencia de los patrones culturales de su comunidad y son una suerte de rescate, preservación, registro y memoria. 

A partir de la Danza del Pez, con la que creció en su natal Tehuantepec, ella reflexiona sobre el individualismo que ha separado al estado; refrenda en cada una de sus piezas el sentido de hermandad. Así como ella hace comunidad con las bordadoras de su región, también ofrece un reconocimiento a los saberes ancestrales de su tierra. Los transmuta para convertirlos en telares, bordados, cerámica, instalación, gráfica y dibujo.

“Bixhia” es ofrenda para su identidad, para su origen y para su comunidad. En entrevista, comparte la génesis de su cuerpo de obra: “Todo parte de “Sa Benda Bixhia”, que nos cuenta que un pescador quería pescar a un pez, pero este no se dejaba, así que se dio cuenta de que no lo iba a poder hacer solo, fue en busca de otros pescadores. Ahí está la unión y la hermandad. Para mí es muy importante dejar claro esto que está pasando en la pandemia, que el individualismo nos separa y lo que necesitamos es unir saberes”. 

Ana Hernández comparte que ella creció con estas danzas rituales, capaces de robar la atención de cualquiera que las vea. Y eso pretende con su obra, que el observador quede atrapado en esa reflexión sobre la comunidad, sobre el rescate de oficios como el bordado, de la lengua, de la cultura zapoteca. 

“Mi interés es el zapoteco, porque es muy tonal y va de la mano con mi exposición”. Es así que la versatilidad de su trabajo es la tonalidad que da pauta para su quehacer. En la planta alta de la NN Galería se pueden apreciar dibujos y placas de estarcidos, que la artista  trabajó con bancos de imágenes de su familia. 

Destacó que para ella es vital mostrar el trabajo de las mujeres istmeñas en el textil: “lo de las cadenillas es un trabajo muy importante de las mujeres allá, es un trabajo imaginario y geométrico, y yo quise capturar todas estas piezas en un libro”. El resultado fue una carpeta de gráfica en la que se puede ver el registro de los patrones geométricos de estos bordados. 

Reconoció que el trabajo con las bordadoras de su región fue una gran forma de unir saberes en un oficio que se está perdiendo. “En esta colaboración, ellas reforzaron lo que ya saben, plasmaron sus conocimientos y los dejaron grabados.  

Ella espera que con este ejercicio poco a poco se recupere el oficio. Además de la exposición, Ana Hernández ofrecerá talleres de dibujo geométrico, proyecciones de películas e invitará a sus colaboradores a compartir las experiencias que tuvieron en el proceso.

Conócela

Ana Hernández (Santo Domingo Tehuantepec, 1991) cursó la licenciatura en Artes Plásticas y Visuales en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO).

Su cultura ha influenciado su obra artística; Ana Hernández creció rodeada de textiles, viendo los colores de la naturaleza y deslumbrándose por el brillo que emanó del sol que la cubrió de pequeña, con rayos que resplandecían en el oro que usaban sus abuelas, madres, tías y vecinas, cotidianamente. Es por ello la presencia del color dorado en sus piezas.

La creadora toma los elementos cotidianos de su natal Tehuantepec y los presenta como piezas de arte; en su producción hay obras textiles, instalación y cerámica.

El trabajo colaborativo también está presente en su obra; Ana ha logrado entablar diálogo con bordadoras y tejedoras, haciendo un equipo que va hilvanando ideas y tradición.

¿Cuándo y dónde?

En curso, hasta diciembre, en NN Galería, privada de Ignacio Aldama #110, Barrio de Jalatlaco, Oaxaca de Juárez.