Por Suriel López Cortés
Encontrarnos en los documentos y en la historia escrita como miembros de la comunidad LGBTIQ+ nos cuesta mucho trabajo y representa un reto, no porque no existamos en ellos, sino por la enorme invisibilidad impuesta desde el sistema heteropatriarcal dominante.
A veces toca echar una mirada al pasado, a esas historias de los grandes personajes de la disidencia sexual que ha dado el país, tales como Carlos Monsiváis, Salvador Novo, Chavela Vargas o Frida Kahlo, que poco tuvieron reparo en ser visibles dentro de la sociedad. En otras, toca investigar un poco más en aquellos testimonios que se han construido entre el mito y las fuentes primarias, casos sobran como el de la poetisa Sor Juana Inés de la Cruz, el del coronel revolucionario transgénero Amelio Robles o el del ya famoso yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre y Mier.
Pero, ¿Qué pasa con aquellas personas que no han sido favorecidas por la grandiosidad de la historia? ¿Acaso no vale la pena contar su testimonio? Naturalmente nuestra narrativa se ha centrado en aquellos lideres y figuras destacadas, ignorando o minimizando las luchas, experiencias y logros de la gente común.
En este sentido podemos buscar nuestras historias de disidencia sexual dentro del Movimiento de Liberación Homosexual, en las 35 colecciones que conforman el acervo de Archivos y Memorias Diversas o quizás a veces toca buscar en los diferentes Archivos Institucionales resultando un poco más caótico, pues ante tanta terminología propia de las diferentes temporalidades, nos encontramos con palabras como: sodomía, somético, pecado nefando, amistad ilícita, uranismo, perversión, joto, lagartijo entre otras que muestran las prácticas sexuales y afectivas alejadas de la moral de la época, castigadas duramente por el Estado y la Iglesia según sea el caso.
A veces so pena de muerte tal como el caso de los 7 hombres quemados por sodomitas, cuyo expediente se puede encontrar en los fondos del Archivo General de la Nación.
La relaciones sexuales o concúbito entre personas del mismo sexo estuvieron prohibidas por la ley desde el nacimiento del Estado Mexicano y no fue sino hasta 1872 que se eliminó como delito dentro del código penal. Encontrarnos con sentencias, acusaciones o diligencias que narren alguna práctica sexual considerada aberrante durante el siglo XIX resulta en algo común.
En el AGEO, dentro del Fondo: Justicia, Sección; Criminal, Serie: Sentencias, existe un expediente de fecha 19 de mayo de 1827 en el cual se da sentencia de dos años de trabajo en obras públicas a una persona de nombre Rafael Suárez, por cometer el homicidio de otro hombre llamado José Cirilo, después de que este último mostrara un comportamiento de “perversa conducta”. En una parte del expediente original se puede leer lo siguiente:
“La justicia del Partido de Santo Domingo Ocotlán autorizada por el Estado Libre y soberano de Oaxaca, para las primeras instancias habiendo visto la precedente carta criminal seguida contra {Rafael Suárez por el homicidio que perpetró en la persona José Cirilo, vecino de Ejutla el día ocho de diciembre de mil ochocientos veinte y cinco en el citado pueblo de Ejutla.
Si bien está plenamente justificado el homicidio, también se advierte del mismo sumario la perversa conducta y acciones provocativas con que el finado José Cirilo insultó a Rafael Suárez, quien en fuerza de pura defensa y con el mismo cuchillo del primero, fue cometido el homicidio, sin alevosía ni premeditación y sí por una indeliberada precipitación…”
El término “perversa conducta” se entendía en el siglo XIX como una desviación sexual que no se ajustaban a las relaciones heterosexuales. El texto de la sentencia nos hace inferir que Rafael entonces asesinó a José después de que este último hiciera insinuaciones sexuales, justificando con ello su homicidio.
El expediente se compone de 6 páginas y a pesar de su lejanía en el tiempo, aún suena muy contemporánea la violencia que en ella se describe, una violencia que invisibilizada o disfrazada se sigue perpetuando hacia la comunidad de la disidencia sexual.
