César Mayoral Figueroa
Este sábado 31, a las 11:00 horas, se recibirá la transmisión de la gran ópera de Gioachino Rossini, quien desarrolló su actividad creativa en el siglo 19. Se sabe que compuso 39 óperas, además de música sacra, canciones, obras instrumentales y composiciones para piano. Ya desde su época se le llamaba “El Mozart italiano”. Se propuso componer al menos dos óperas por año, lo que casi logró para la historia y ejemplo del género.
Stendhal escribió su biografía y en una nota dice: “Es muy justo señalar que Rossini nos ha dado ya tres óperas que culminan, cada una, con una gran aria, que son: “Sigilara, L’ Italiana in Algeri y La Cenerentola”.
“El Barbero de Sevilla” vino después y en esta se cumple también la presencia de tres arias de extraordinarias belleza y dificultad que son: “Largo al factotum, La Calunnia y Una voce poco fa”. También se cita que cuando Beethoven le conoció le expresó: “Así que usted es el autor de El Barbero de Sevilla. Le aseguro que su obra será representada mientras Italia exista”.
Pues a dos siglos de distancia se sigue comprobando la opinión de Beethoven. Rossini hizo parecer que escribir una ópera fuese muy fácil. Pues nos entregó “El Barbero de Sevilla” a los 24 años. La Cenerentola la compuso en ¡24 días! Una gran virtud de Rossini es que nos hace sentir que apreciar la ópera es algo muy sencillo. Bueno, y la música, que además de maravillosa es muy pegajosa. Ahora cantar sus arias es en extremo difícil y se dice que es sólo para atletas vocales.
Esta obra que nos espera el sábado es conocida como ejemplo de ópera bufa, es decir, una obra en que predominan el humor jocoso y la gracia. Sigue como base a la obra de Pierre- Augustine de Beaumarchais, que la presentó en 1875. Luego Pasello compuso una ópera con el mismo nombre y Rossini, siguiendo al autor de otro libreto, Cesare Sterbine, compuso también la ópera, aunque en su estreno la tituló “Almaviva”, lo que no le libró de muy molestas complicaciones por el celo de los admiradores de Pasello.
De hecho gracias a esto el estreno de la obra de Rossini fue un desastre, pues aprovecharon que el tenor olvidó afinar la guitarra y en seguida una cuerda se rompió al comenzar la “Serenata”. A esto sucedió la caída de Don Basilio en el foro, que se distraía tratando de calmar un sangrado nasal mientras cantaba “La Calunnia”. Finalmente, para colmo, un gato entró al escenario y saltó a los brazos de Don Bartolo.
Siendo una gran obra, un tiempo breve demostró que es una obra maestra del género, que el libreto es una adaptación magnífica de Sterbini con las cualidades de que Beaumarchais la dotó: humor, ingenio, chispa y alegría desbordante.
Por su parte Rossini nos legó un modelo de perfección formal melódica, con relevante espontaneidad, con brillantez y encanto, y todo esto con gran apego a la significación de contenido y acción de la obra de Beaumarchais.
Un fascinante relato
En muy apretada síntesis, la obra trata del afán del Conde Almaviva por lograr el amor de Rossina, con quien desea casarse. Rosina es una joven desprotegida económicamente que vive como pupila del Don Bartolo, un hombre mucho mayor que ella y que también la desea como esposa. Ambos pretendientes se valen, respectivamente, de la ayuda de Fígaro, barbero que presume de ser bien recibido en todas partes, y Don Basilio, un clérigo que funge como profesor de música de Rossina.
Hay una trama con enredos que terminan con el sorpresivo matrimonio consensuado del Conde y Rosina, y la aprobación obligada por parte de Don Bartolo. Todo esto transcurre velozmente, de modo que los espectadores se ven atrapados y fascinados con el relato, con las voces y con la música.
La ópera se ha presentado en muchas partes del mundo y con certeza puede afirmarse que seguirá cumpliendo con la predicción de Beethoven. Por ejemplo, se estima que en los Estados Unidos se ha representado unas 800 veces.
No debemos perdernos de esta oportunidad con la que concluye la Temporada 2024-2025 de Metropolitan Opera House y quedar con el ansia de asistir a la temporada 2025-2026 que inicia en octubre con “La Sonámbula” de Bellini. Una coincidencia afortunada de sucesión pues se conoce a Bellini, a Rossini y a Donizetti, como el triunvirato italiano del Belcanto.
