Una semana antes de que se declarara la cuarentena en la Ciudad de México, la primera semana de marzo de este año, el curador Fernando Gálvez de Aguinaga inauguró junto con la hermana del artista Francisco Toledo, una exposición de gráfica. La muestra reunió 30 años de grabado creados por el también promotor cultural oaxaqueño.
En la galería Juan Martín, en la Ciudad de México, se mostraba Gráfica 1999-2019. El crítico de arte y periodista apuntó en entrevista: “Saturamos de piso a techo la galería de grabados. Es apabullante la cantidad de obra que realizó y la calidad, no se podía dejar nada fuera. Es una maravilla tener la obra de Toledo exhibida, porque su principal legado es su arte, todo lo demás sí, pero Toledo está vivísimo”.
De esta exposición que tuvo que cerrar ante las medidas de prevención por el covid-19, Fernando Gálvez precisa: “Cuando ves su grabados y piezas, te impresiona tal nivel de energía e imaginación, de finura para resolver la expresión artística que dejó palpitando en su obra, en sus ideas, sus sentimientos y su humor”.
El humor de Toledo
Pocas veces se habla que Toledo era un artista con un humor muy refinado, atisba Gálvez de Aguinaga: “Toledo no dejaba de hacer bromas visuales en sus cuadros y obras. Fue lúdico en su manera de utilizar herramientas, de dar nuevos cauces a técnicas que se creían exploradas hasta el cansancio. Era juguetón, muy gracioso y a veces hasta con humor negro... Justo en ese humor es que uno ve la chispa de la vida… Por ese lado no puedo pensar en que Francisco se haya ido completamente porque para nada, todo su trabajo creativo como promotor cultural lo mantiene aquí”.
Quien fuera un colaborador cercano en los proyectos del artista y director, en un periodo del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, recordó que hace un año y meses, muchos cercanos al creador estaban esperando el 17 de julio para celebrarlo, entonces cumplió 79 años.
Por otro lado, él no quería grandes festejos de los 80, había muchas presiones de todo tipo para esos festejos y él no los deseaba, ya para él era mucha presión y mucho trabajo pensar en sus proyectos, compartió. “Era tan autocrítico que quería siempre estar metido en un proyecto de exposición retrospectiva o algo así. Era quisquilloso, comprometido y se preocupaba mucho por el discurso visual que iba a reflejar una exposición libro o cualquier cosa en la que se involucrara”.
Un hombre compasivo y un artista único
El curador reflexiona en lo que Francisco Toledo hubiera sentido ante la pandemia mundial que se vive. “Era una persona tan sensible y aprensiva, que no podía ver tanto sufrimiento en el mundo y en la tierra. Era una persona compasiva y se identificaba mucho con el pueblo. Esta situación lo hubiera angustiado mucho, hubiera hecho muchas iniciativas para ayudar a los hospitales. Estoy seguro de que estuviera haciendo miles de cosas y lo hubiera sufrido mucho”.
Defiende a la figura del artista como una imaginación única para resolver problemáticas. Como un faro, que ahora es lo que falta en el horizonte: “no vemos hoy esa imaginación para generar iniciativas, ni soluciones.
En su aniversario 80, Toledo vive, coincide Fernando Gálvez. “Sí. Mueves lo que sea en Oaxaca y aparece Francisco Toledo. Oaxaca es antes y después de Toledo. Porque hubo una transformación, una metamorfosis única, positiva y luminosa en esta ciudad y en el estado”. El curador lanza una pregunta a la sociedad: “¿Qué seríamos si Francisco Toledo no hubiera habitado Oaxaca?”.
