Oaxaca.- Los pueblos originarios de Oaxaca conservan con celo su historia a través de sus danzas, cantos, poemas, relatos. Es el caso de Santiago Llano Grande, en la Costa, con la Danza de los Diablos, una forma que tenían los lugareños de antes, de expresar sus alegrías y penas, más penas que alegrías, la cual será admirada durante las fiestas de los Lunes del Cerro 2016 en la capital oaxaqueña.
Pueblos costeños
Santiago Llano Grande, La Banda, es un municipio de nuestro estado de Oaxaca que está ubicado en la zona más conocida como Gran Llanada o Sabana Costeña, junto a otros pueblos como Santiago Tapextla, Santo Domingo Armenta, Santa María Cortijos, San Juan Bautista Lo de Soto, Mártires de Tacubaya y la agencia municipal de San Francisco el Maguey, los que marcan los límites con el estado de Guerrero, a través de Cuajinicuilapa (Cuijitla) y Ometepec, pueblos mareños próximos al Océano Pacífico o la mar del sur.
Excluyendo a Ometepec, todos los demás fueron conformados por los negros o afrodescendientes, quienes llegaron como esclavos al inicio de la época colonial (comienzos del siglo XVI), producto del comercio de la raza de ébano, cuya fuerza de trabajo fue indispensable para el desarrollo de todas las actividades productivas de la nueva España por el puerto de Veracruz.
Los afrodescendientes fueron comprados por encomenderos y caciques dueños de estancias, encomiendas y haciendas dedicadas a la producción de cacao, azúcar, panela, tabaco, algodón y posteriormente la actividad más productiva: la ganadería.
Herencia cultural
Otros grupos de negros llegaron a la zona costera, como Acapulco, en calidad de trabajadores en los barcos, de donde escapaban, ya que las naves duraban mucho tiempo ancladas mientras preparaban sus retornos.
La Danza de los Diablos se baila en la mayoría de los pueblos de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, durante la celebración del Día de Muertos o Todos los Santos, los días 1, 2 y 3 de noviembre.
Es una manifestación de la herencia cultural de la raza negra, raíces muy profundas de su arte que conservan. Los negros aun en la primera esclavitud, conservaron a sus dioses que para los blancos eran seres malignos y los llamaban demonios.
La raza africana invocaba a su dios Ruja a quien le pedían ayuda para aliviar todas sus desgracias y enfermedades y le dedicaban ritos y danzas, mediante los cuales expulsaban toda su rebeldía e irreverencia hacia los caciques, los amos, la religión y sus curas, a quienes satirizaban y se burlaban al igual que de la muerte, por tanta inconformidad por la explotación, injusticia, desigualdad, discriminación.
Eufóricamente bailaban y danzaban eróticamente protestando por su condición de esclavos. Para ellos, el diablo encarna su ansiada libertad y satisfacción de orgullo e identidad por su raza.
La ejecución
La Danza de los Diablos la ejecutan de 14 a 18 bailadores distribuidos en dos filas de parejas, con un intervalo de tres a cuatro metros; bailan sones y jarabes.
Los dirige un “diablo viejo” que es el mandón acompañado siempre por una mujer, que se supone es su esposa, quien a su vez carga con una mona o muñeca a la que le da trato de hija.
La música la ejecutan cuatro personas y los instrumentos utilizados son el bote, que es un bule o calabazo de tamaño grande al que se le corta la parte superior para dejar una boca de 30 a 35 centímetros de diámetro y se cubre con un parche de cuero delgado de venado o chivo; se tiempla con correas curtidas de cuero crudo, que van distribuidas a lo ancho de dos aros que se le colocan al bote arriba y abajo. Dichos aros están hechos a base de bejucos.
Al centro del parche superior se le amarra por un extremo con una vara de 2.5 y 3 centímetros de grueso y 60 centímetros de largo; se cubre totalmente de una cera negra muy fina que produce una especie de avispa y se le coloca un cascabel de víbora.
Acompañan a este original instrumento, la flauta o armónica, el violín y la charrasca que es una quijada de caballo, burro o mula, que con anticipación se asolea para que pierda agua y grasas hasta quedar totalmente seca.
Primera vez en el Lunes del Cerro
A todos los miembros de la danza los acompañan variablemente el mayordomo o administrador. Los diablos utilizan máscaras hechas de cueros, adornadas con cuernos de venado que completan con papel crepé de colores o de oropel, barbas muy grandes hechas de crines de caballo.
La ropa es de color oscuro y encima portan capulinas o chaquetas preferentemente de piel de gamuza, chaparreras, espuelas y rematan con calzado tipo botas de trabajo. Al final de cada actuación, algunas parejas improvisan versos chuscos de agradecimiento.
Con esta danza, el pueblo de Santiago Llano Grande, La Banda, de herencia negra o afrodescendiente, participará por primera vez en la fiesta del Lunes del Cerro.
Se ignora qué tipo de obsequios podrán ofrecer, ya que la distancia que recorrerán desde los límites de Guerrero es aproximadamente de 10 a 12 horas.
(Colaboración de Gilberto Matías Melo, bandeño de corazón).
Santiago Llano Grande
Se localiza en la región de la Costa, a una altura de 70 metros sobre el nivel del mar. Limita al norte con el municipio de Mártires de Tacubaya y San Juan Bautista lo de Soto; al sur con Santa María Cortijo y San José Estancia Grande; al oeste con Juan Bautista lo de Soto; al este con San Miguel Tlacamama, Santiago Pinotepa Nacional y Mártires de Tacubaya. Se ubica a 443 kilómetros al suroeste de la capital oaxacqueña.
