Salto de fe
EL CALLAO, Perú.- Nadie puede dejar de temblar, no sé si debido al frío matutino y la humedad del traje de neopreno o por la adrenalina que recorre el cuerpo al saber que estamos a punto de saltar a un mar helado repleto de lobos marinos.
A las siete de la mañana embarcamos en el Puerto del Callao, a media hora de Lima, hacia una travesía de cuatro horas a las islas, aquellas que se miran en el horizonte.