El amor de pareja tiene su origen en el cerebro
Conocerme es quererme, dice el dicho popular. Y no le falta razón. El roce, el contacto cercano y sí, también las relaciones sexuales, activan un circuito clave entre las áreas de recompensa del cerebro que refuerza los lazos afectivos de la pareja. Al menos, esto es lo que los científicos han descubierto que ocurre en los ratones de la pradera o campañoles, conocidos por su ejemplar monogamia, ya que forman enlaces “amorosos” para toda la vida.