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“Si una lagartija entra análisis, sale una lagartija analizada

señor
Foto(s): Cortesía
Redacción

Última parte de tres

Cuando Sigmund Freud renunció a explicar todas las enfermedades nerviosas desde el sustrato biológico —en este caso desde el sistema nervioso—, su investigación lo llevó a crear el supuesto teórico de concebir la psique como un aparato, recibiendo un rechazo categórico, y no solo del gremio médico, sino también de la sociedad de su época.

Por años ha circulado la idea de que la teoría freudiana ha sido rechazada esencialmente por introducir a la sexualidad como eje de los conflictos psíquicos, que en muchos casos terminan por devenir en una neurosis grave.

Si bien fue el mismo Freud quien menciona esto, también hay que tomar en cuenta otro elemento, el cual considero de mayor peso para explicar por qué el Psicoanálisis ha sido rechazado por algunos. Este alude a los segundos pensamientos que corren al lado de aquello que conocemos como conciencia.

Los otros pensamientos

A estos segundos pensamientos, el creador del Psicoanálisis los nombró “procesos de pensamiento inconscientes”, de tal forma que cuando en el argot psicoanalítico decimos “inconsciente” aludimos a una dinámica psíquica, y no a que la persona no pueda acceder o no se anoticie de esos pensamientos. Habremos de mencionar que, efectivamente, una parte de ellos está sepultada en la memoria y por tanto alejados de la conciencia, pero estos procesos, que pudiéramos decir son el inconsciente propiamente dicho, no son los que oponen resistencia para la cura en el proceso psicoanalítico.

Es en lo anterior donde algunos teóricos del Psicoanálisis caen en confusiones, en muchos casos convenientes, pues pasan de largo las palabras de Freud, que bien se pueden tomar como advertencias, pues los psicoanalistas no estamos exentos de caer en malentendidos teóricos, por otro lado muy convenientes para que mantengamos nuestras formas de goce sin cambio alguno.

Una imagen que el Yo negará

Lo que sucede generalmente con los textos freudianos, es que el lector pronto se ve reflejado en ellos. En el caso del texto mencionado en la nota anterior, el de “nuestro pequeño Hans”, gracias a la generosidad del padre —quien prestó sus anotaciones para la publicación del caso— encontramos la manera en cómo se constituye la dinámica psíquica masculina: la entrega desmedida al principio de placer-displacer, las formas en que se justificará, los engaños que monta y su universo de fantasías, que en la vida adulta confundirán —convenientemente— lo que es con lo que no es.

En otras palabras, si el hombre durante esa etapa infantil no logra mediar entre sus impulsos y las exigencias del mundo exterior —impuestas por los encargados de su crianza—, en la vida adulta seguirá dominado por su placer de órgano. De tal manera que todo cuanto emprenda, llámese vida amorosa, profesional, familiar, en sí toda actividad, estará determinada por ello. Pues en esos segundos pensamientos realizará todo cálculo para mantener su goce, aun cuando muestre un rostro contrario, engañando así a los otros y a él mismo. Esto es lo que el Yo protege celosamente, y lo que Sigmund Freud descubrió, de ahí que muchos lo rechacen categóricamente. Pero atención, otros más, al verse descubiertos, resolvieron convertirse en practicantes del psicoanálisis para ocultarse de ello.

¿Quieres saber más?  Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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