Guillermo Prieto
*El 14 de marzo de 1858, la guardia de Palacio de Gobierno, en Guadalajara, hace prisionero a don Benito Juárez y a miembros de su gabinete para ser fusilados. El secretario de Hacienda, Guillermo Prieto, allí presente, escribió una crónica memorable, de la que publicamos un fragmento. (N. del E.)
(…) AI terminarse la junta el señor Juárez propuso se dirigiese un manifiesto a la nación, diciéndole que el gobierno continuaba con más fe y con mayor brío combatiendo, hasta lograr la consumación de la Reforma.
Como era muy frecuente en aquellos días, yo fui designado para redactar el documento de que se trataba; y me disponía a obedecer, cuando se abrió una puertecita excusada que tenía el despacho y apareció el señor Camarena, gobernador del Estado, diciendo que le habían venido a avisar que el coronel Landa se había pronunciado y la tropa se disponía a marchar para Palacio.
Mis compañeros quedaron en el despacho del señor Juárez y yo salí con mis útiles de escribir en la mano.
Estaba remudándose la guardia, había soldados de uno y otro lado de la puerta; por la parte de la calle, al entrar yo en el zaguán para salir, se revolvían en tropel los soldados.
Algunos me instaron a huir, a mí me dio vergüenza abandonar a mis amigos. A uno de ellos le dije que yo era Guillermo Prieto, ministro de Hacienda, y que quería seguir la suerte del señor Juárez.
Apenas pronuncié aquellas palabras cuando me sentí atropellado, herido en la cabeza y en el rostro, empujado y convertido en objeto de la ira de aquellas furias.
Desgarrado el vestido, lastimado, en la situación más deplorable, llegué a la presencia de los señores Juárez y Ocampo, Juárez se conmovió profundamente.
(…) Se había anunciado que nos fusilarían dentro de una hora. Algunos, como Ocampo, escribían sus disposiciones. El señor Juárez se paseaba silencioso, con inverosímil tranquilidad; ya salía a la puerta a ver lo que ocurría.
Los soldados entraron al salón… arrollándolo todo; a su tren venía un joven moreno de ojos negros como relámpagos: era Peraza. Corría de uno a otro extremo, con pistola en mano, un joven de cabellos rubios: era Moret… Y formaba en aquella vanguardia don Filomeno Bravo, gobernador de Colima después. Aquella terrible columna, con sus armas cargadas hizo alto frente a la puerta del cuarto… y sin más espera y sin saber quién daba las voces de mando, oímos distintamente: “¡Al hombro! ¡Presenten! ¡Preparen! ¡Apunten!”
Los rostros feroces de los soldados, su ademán, la conmoción misma, lo que yo amaba a Juárez… yo no sé… se apoderó de mí algo de vértigo o de cosa de que no me puedo dar cuenta… Rápido como el pensamiento, tomé al señor Juárez de la ropa, lo puse a mi espalda, lo cubrí con mi cuerpo… abrí mis brazos… y ahogando la voz de “fuego” que tronaba en aquel instante, grité: “¡Levanten esas armas!, ¡levanten esas armas!, ¡los valientes no asesinan…!” y hablé, hablé, yo no sé qué hablaba en mí que me ponía alto y poderoso, y veía entre una nube de sangre, pequeño todo lo que me rodeaba; sentía que lo subyugaba, que desbarataba el peligro, que lo tenía a mis pies… Repito que yo hablaba, y no puedo darme cuenta de lo que dije… a medida que mi voz sonaba, la actitud de los soldados cambiaba… un viejo de barbas canas que tenía al frente, y con quien me encaré diciéndole: “¿Quieren sangre? ¡bébanse la mía…!” alzó el fusil… los otros hicieron lo mismo… Entonces vitoreé a Jalisco.
Los soldados lloraban, protestando que no nos matarían y así se retiraron como por encanto… Bravo se pone de nuestro lado. Juárez se abrazó de mí… mis compañeros me rodeaban, llamándome su salvador y salvador de la Reforma… mi corazón estalló en una tempestad de lágrimas. (Diario El Mundo Ilustrado,1858).
"Confío en el patriotismo de todos los mexicanos": Lázaro Cárdenas
Leonardo Pino
En el año 1936, surgieron diferencias contractuales entre las empresas norteamericanas e inglesas, que explotaban los yacimientos petroleros de México, y los trabajadores, afiliados al Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana.
El presidente de la república, general Lázaro Cárdenas, de inmediato tomó como propias las reclamaciones obreras; el magisterio se sumó al gobierno y al sindicato para sumar apoyos del pueblo.
La Suprema Corte de Justicia dictaminó, el 1 de marzo de 1938, que las demandas de los trabajadores eran legítimas y que las compañías debían acatar la ley y cumplir con el pliego petitorio del sindicato. Sin embargo, las empresas petroleras adoptaron una posición de franco desacato a las leyes mexicanas.
Ante el cariz que tomaron los acontecimientos, el 18 de marzo de 1938, por la cadena radiofónica nacional, el presidente Cárdenas – en un discurso que llegó “al alma de todo el pueblo” - anunció que ante la rebeldía de las compañías, el gobierno soberano de México hacía valer la ley de expropiación del año 1936 y nacionalizaba la industria petrolera.
Después del anuncio expropiador, surgió un gran respaldo al general Cárdenas y a su gobierno; destaca el caso de los migrantes, héroes vivientes, que en California, Estados Unidos, agrupados en el Partido Liberal Benito Juárez, organizaron el “Ejército de la Independencia Económica de México” para enviar remesas que ayudaran a indemnizar a las compañías.
La Confederación de Trabajadores de México (CTM) organizó una manifestación multitudinaria, donde los marchantes ondeaban pancartas con mensajes de incondicional apoyo al presidente: “Cárdenas adelante con la Revolución para seguir con la liberación “, “70,000 ferrocarrileros dispuestos en cualquier momento a respaldar a Cárdenas para que México sea solo de los mexicanos”; otras denotaban el rechazo al imperialismo: ”El pueblo de México no tolerará más humillaciones del imperialismo insolente”, “Contra los zarpazos del imperialismo, la unidad del pueblo mexicano”.
Junto con la decisión de expropiar la industria petrolera, el gobierno se comprometió a indemnizar a las compañías, por lo que pidió el apoyo económico de toda la población. En la colecta, encabezada por doña Amalia Solórzano de Cárdenas, participaron mujeres de todas las clases sociales.
Pese a la oposición del sector conservador y sus voceros en los medios de comunicación, la decisión cardenista originó un movimiento social que rebasó a las dirigencias tradicionales; desde las masas más pobres, hasta familias de altos recursos económicos apoyaron la gesta nacionalista.
En marzo de 1938, don Lázaro Cárdenas dispuso que la actividad energética fuera reservada de manera exclusiva al Estado Mexicano y creó Pemex.
A contra historia, durante la época neoliberal, las compañías trasnacionales volvieron a recuperar gran parte de lo expropiado en 1938: en el año 2008, el gobierno calderonista comenzó a permitir la participación de empresas privadas en la exploración de yacimientos y en la explotación de hidrocarburos; y en el año 2014, durante el régimen de Peña Nieto, el Senado mexicano aprobó la reforma que devolvió al capital privado una participación decisiva en el mercado petrolero.
Pero hoy soplan nuevos vientos en la patria y los gobiernos de la 4T han recuperado la soberanía energética y estatizado la CFE y Pemex, declarándolas Empresa Pública del Estado.
