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LECTURAS PARA LA VIDA: Cartas de Ernest Hemingway

segunda-portada
Foto(s): Cortesía
Redacción

Mónica Ortiz Sampablo

 

Querido Ernest:

Hace tiempo escuché una canción de Luis Eduardo Auté; el estribillo va más o menos así: “en el Caribe, se vive como se escribe…”; tu nombre resonaba en ella “bajo la noche guajira, Hemingway delira”; por ese tiempo solo te imaginaba, como el autor de "El viejo y el mar", novela que leíamos en el bachillerato.

Nunca corrí a la enciclopedia a buscar tu rostro o más información sobre tu persona, nadie me motivó a hacerlo y sinceramente no figurabas en mis favoritos. No comprendí todas las referencias que se mencionan en la canción, pero el ritmo en la interpretación de Elíades Ochoa no tiene igual.

Hasta hace poco tiempo me sentí atraída por conocer más de ti y me sorprendí; sé que a un escritor se le conoce por su obra, pero a mí me agrada asomarme a la vida del autor, ahí donde germina todo, y en las tuyas plasmaste mucho de tu vida: tu gusto por las armas, tus vivencias en dos de las más cruentas guerras, tus lesiones físicas y emocionales, tus amores, frustraciones, hazañas de cazador, todas las vidas vividas.

Ahora no sólo veo tu rostro forjado, tu mirada, tan de niño y tan de hombre, combinación perfecta que atraviesa la barrera del tiempo, el espacio y las dimensiones. Me atreví a mirarte fijamente en la pantalla de mi computadora donde descansa tu cara de adulto y me miraste; obtuve los porqués muchas mujeres inteligentes caían ante tus encantos; desde luego su inteligencia las salvó, bien sabías el poder de esos ojos que miraron fijamente a la cámara que te captó en más de una ocasión para perpetuar tu estancia aquí. 

Pero permaneces Hemingway, por tus letras que atraviesan continentes. Viviste para saborear el éxito, recibiste el Nobel de Literatura, disfrutaste el sabor de esa presea, tu obra es leída, criticada, referenciada, valorada, mencionada por doquier; tu capacidad para capturar la esencia de la vida y la condición humana con una claridad impresionante te llevaron a ese punto.

Tus historias van más allá de la simple narrativa; son ventanas hacia el alma humana, mostrando sus luchas, sus triunfos y sus derrotas de una manera que resuena profundamente en el corazón del lector. Tu habilidad para transmitir emociones crudas y universales es incomparable. Tu obra ha sido una inspiración para muchos, y yo no soy una excepción.

Aunque ya no estés entre nosotros, tu voz sigue resonando a través de tus escritos, así como el Mar Caribe.

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