Juan Arturo Barrita presenta su novela “Todo cambia en un instante” | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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Foto(s): Cortesía

Juan Arturo Barrita presenta su novela “Todo cambia en un instante”

Redacción

Isela Sedano

 

En esta ocasión les hablaré algo de la vida y obra de Juan Arturo Barrita, autor de 12 libros; escribe crónica, cuentos y novela, quien con la venta de sus libros alimenta perros de la calle, sus cirugías y tratamientos.

Juan Arturo nació en la primavera del 66, bajo el arrullo de un  aguacero que caía en Ejutla de Crespo una tarde de junio; era un niño introvertido que dormía, junto a sus hermanos, en un petate; lo mismo hacían sus hermanas y sus padres.

Desde los 12 años de edad se fue de casa al obtener una beca de estudios en el Internado de Reyes Mantecón; ese hecho significó la independencia definitiva y lo selló para siempre.

Tuvo su primer contacto con las letras en el año 2008 y el detonante fue el asesinato de su hermano Alejandro Barrita; desde entonces escribe por necesidad espiritual, admira a los ancianos y ama a los perros; se comunica con la naturaleza a la perfección, es heredero de revolucionarios, comerciantes y zapateros; su religión es la literatura.

Recientemente presentó su libro “Todo cambia en un instante” y lo acompañaron reconocidas personalidades del mundo de la literatura, como Ángel García, quien vino de Inglaterra al lanzamiento de esta obra; Tom Pined, uno de los grandes exponentes de la plástica oaxaqueña, cronista de su tierra istmeña, gran narrador, así como pinta así narra; Alfredo Quiroz, excelente lector, admirador de los grandes de la literatura y un gran moderador Rodrigo Jiménez, maestro jubilado; y el acompañamiento musical a cargo de la soprano Felipa Luna, con instructoría musical en piano y licenciatura en canto.

El libro está publicado bajo el sello de Astromelia Editores en su sección de ediciones libres; y la portada es del artista plástico Giovanni Varell.

Aquí, una muestra de lo que nos ofrece este libro que es un deleite leer:

“Juan salía de casa dándole un ligero jalón a la puerta que era terca para cerrar, ya que la fuerza de gravedad había hecho travesuras con ella y nadie ponía de su parte para arreglar esa avería que dejaba la vivienda a expensas de algún malandrín.

"Aunque los habitantes del departamento del guayabo decían que lo único que se llevarían serían sorpresas porque cosas de valor no había, existía un televisor del año del caldo y para cambiar sus canales se usaba una pinza, dos camas de metal se usaban para descansar; eran vejestorios y al caer un cuerpo sobre ellos, sonaban como matracas; una estufita era el caballito de batalla y freía puros huevos revueltos con ilusiones; un refrigerador que se quejaba cada que lo abrían, guardaba purititas esperanzas y una jarra de agua fresca; dos tambos azules de lata fungían como tinacos".

En esas condiciones vivía Juan, el chamaco pueblerino, cuando conoció al amor de su vida aquella tarde-noche que se