La punta del hilo: unas alas que no son de pájaro | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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Foto(s): Cortesía

La punta del hilo: unas alas que no son de pájaro

Redacción

Mónica Ortiz Sampablo

Asómate por aquel orificio; desde él puedes ver que la jaula se balancea cadenciosamente.

La niña se entretenía meneando la jaulita, que en un rato de ocio ella misma había tejido. Era como las de la casa vecina, en las que en vez de pájaros viven muñecas, siempre muy limpias, maquilladas y dispuestas. Entre sus deditos, la niña tejió los barrotes; le gustó la idea de que la jaula fuera de hilo, decía que por los hilos era más fácil entrar y salir al gusto de quien se metiera en ella; su madre le respondía: "Elena, es jaula de estambre, no casa; no tiene paredes, el chiste de una jaula es que quien entre, no pueda salir".

Elena parecía no escuchar las necedades de su madre, sólo admiraba la curvatura que se formaba en los barrotes de hilo cuando con ambas manos hacía el juego de estira-encoge con su singular jaulita; y le parecía que la estancia ahí no era tan terrible como la de las muñecas de la casa vecina. Estas sí tenían que mantenerse en un rigor más de cuartel que de jaula. Con los años, la niña la hizo un poco más grande, perfeccionó las puntadas, insistió a su madre en ir a las clases de tejido con las señoras mayores del barrio y fue; sin embargo, no tejía bufandas, suéteres, chalecos o chambritas, no; lo que ella tejía no era una prenda. Tejía y también a veces destejía.

Acércate un poco más y mira por este orificio, pero por favor enfoca detenidamente, puedes advertir movimiento al interior; es ella misma, se mueve graciosamente dentro de la jaula que sigue en su vaivén. Pensar en cómo entró puede llevarte a un disparate; ahora, observa lo que sostiene en la mano, pero antes, detente; siente. Ella estaba mirándote antes de que tú la miraras, ya se había percatado de tu presencia, y por eso siempre sostuvo la punta del hilo en la mano.

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