Elena Garro y Helena Paz, vidas al límite | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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Elena Garro y Helena Paz, vidas al límite

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Habitaban un departamento gobernado por gatos, entre cucarachas y ratones. Un lugar deprimente para los días finales de Elena Garro junto a Helena Paz, enfocadas madre e hija en recuperar la herencia de la abuela paterna.

"Desastre" es la palabra utilizada por Laura Ramos al retratar los últimos años de la escritora en Cuernavaca, tras su regreso definitivo a México en 1993, en el libro "Elena Garro: Los recuerdos sin porvenir" (Aguilar).

Ramos tuvo la responsabilidad de editar a la autora de "Los recuerdos del porvenir" en los años 90, para la editorial Castillo-Macmillan, motivo de sus frecuentes visitas a su casa, donde constató sus carencias afectivas y económicas, así como la relación de codependencia con su hija.

Peleaban la casa de Denver

"No tuvieron días de tranquilidad; ellas estaban enfocadas a tratar de recuperar la herencia de Helenita, y todo se iba ahí, en ese tiempo; ese dinero se iba para los abogados para tratar de recuperar algo: querían la casa de Denver", dice en entrevista.

Dicha casa, ubicada en Porfirio Díaz 125 esquina con Denver, en la Colonia Nochebuena, era reclamada por Helena Paz como herencia de su abuela paterna, Josefina Lozano. Y madre e hija intentaron incluso entrar, pero no se les permitió el acceso.

Helena acusaba a su padre, Octavio Paz, de haberle robado y de manipular los documentos donde la abuela "Pepa" le dejaba todo a su nombre.

"¡Mi abuela Pepa, su madre! Me dejó todo, una herencia millonaria, y él manipuló los documentos cambiando todo a su nombre. Cambió el testamento con la ayuda de sus influyentes amigos. ¡Me lo quitó todo!, me arruinó", decía, según recrea Ramos a partir de una conversación sostenida con ella.

De acuerdo con la editora, un primo de Helena que convivió con Paz, de nombre Francisco, le aseguró haber sido testigo en la firma del testamento de la abuela Lozano.

"Él asegura que todo era para Helenita. ¿Por qué no lo recibió? Por su salud mental. En lugar de darle todos los dulces juntos, pues su papá se los dio dosificados hasta que se murió", recalca Ramos.

Al morir intestada en 2018 la segunda esposa de Paz, Marie José Tramini, el patrimonio del poeta pasó al DIF de la Ciudad de México, pero la casa de Porfirio Díaz 125, hoy resguardada por la Guardia Nacional, es objeto de un juicio tras haber sido ocupada por terceras personas.

Un legado entre conflictos

Fallecida Garro en 1998, Helena fue enviada al asilo de Villa Laurel por su primo Jesús Garro, quien cuidó de la escritora y de su hija. A Ramos le consta ese cuidado hasta sus últimos días. Cuando comenzó a tratarlo no tenía una buena opinión; sentía que abusaba, que era duro con ellas, sin embargo, admite que era difícil controlarlas y ellas eran "reactivas" y se le iban a los golpes.

En el asilo, Helena no quería ver a nadie, mucho menos a Patricia Rosas Lopátegui, biógrafa de su madre y su agente literario.

"Helenita oía el nombre de Patricia y hasta vomitaba, le daba angustia, una psicosis y rabia", recuerda Ramos.

Helena, fallecida en 2014, acusaba a Rosas Lopátegui de incumplir con el pago de regalías y de haberse llevado, sin permiso, materiales de su madre con el pretexto de ayudarles con la limpieza del departamento de la Colonia Chapultepec, en Cuernavaca. Materiales que la señalada, junto con su marido, habría sacado en bolsas haciéndolos pasar como basura, según relata Ramos. Ante el reclamo de la escritora y su hija, la biógrafa enlistó esos bienes en una notaría.

"No estoy del lado de nadie, pero si no fuera por Paty no tendríamos rescatadas algunas obras", opina.

Ramos aboga por difundir las grabaciones de las entrevistas con Garro hechas por Rosas Lopátegui, así como concentrar en un recinto la obra de la escritora.

Derechos de los autores, en muchas manos

"Ya toda la obra de Octavio (Paz) está en el DIF, y la de Elena está dispersa entre varios familiares que tienen los derechos; Paty tiene algunos materiales. ¿Por qué no dejar todo ya al país y decir: hagamos un museo?", plantea la autora.

Por su experiencia como editora, Ramos advierte la complejidad de que los derechos de la obra de un escritor estén en tantas manos. Para su libro, por ejemplo, no consiguió autorización para publicar una fotografía y también le llegaron a exigir derechos.

"Han querido derechos sobre el Centro Cultural Elena Garro, un absurdo".

Ramos reproduce sus conversaciones con la también autora de "La semana de colores", sobre el drama del 68 que la condujo a su autoexilio en París tras haber sido acusada de supuestamente traicionar al movimiento, y las circunstancias en las que Helena redactó una carta que supuso la ruptura definitiva con su padre; misiva que dijo haber escrito por presión de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) para desacreditar a Paz ante los intelectuales y ayudar a que su madre fuera liberada.

Según Helena, Garro mantenía una relación "personal y antagónica" con Fernando Gutiérrez Barrios, el director de la DFS y a la postre Secretario de Gobernación, a quien se refería como un "tirano".

Regresan a México

Según la cronología elaborada por Ramos, madre e hija volvieron a México en 1993, cuando dicho personaje deja Gobernación.

Ramos identifica al también exgobernador de Veracruz como una piedra angular en el destino de la escritora a partir de 1963 por proteger a César del Ángel, un líder coprero a quien habría ayudado a esconderse de la autoridad.

Con el libro "Elena Garro: Los recuerdos sin porvenir", la editora desea abonar a la escritura de una nueva biografía de la escritora, lejos de la santificación, con una visión equilibrada de su relación con Paz, que sintetiza en "un mal divorcio pero 22 años muy buenos como pareja", y que además fueron un puente entre México y Francia.

"Dejo hilos de la historia para una futura investigación", señala Ramos.

Su mayor deseo es que Garro, sepultada en Cuernavaca, regrese a París, de donde nunca quiso volver.

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