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Lecturas para la vida: Cuentos del doctor lector. Mi pequeño niño maltratado

Me duele de que a través de ti se devele la miseria humana de los vicios, de los problemas mentales, económicos, la frustración y el enojo.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Miguel Ángel Hernández Solorio

Te he visto tanto y con rostros diferentes en el servicio de urgencias de pediatría, cuando la belleza y la alegría de un pequeño pasa a ser borrada por el terror y sufrimiento. El brillo de unos ojitos llenos de esperanza es opacado por un terrible monstruo que sigue presente; vivo y terrorífico. Te veo y me hierve la sangre, incrédulo de lo que alguien mayor puede ser capaz de hacer a un ser inocente, indefenso y vulnerable. 

Cambias de edad, sexo, color de piel y ojos, de tipo de cabello. En ocasiones te veo sano; en otras con rasgos particulares en tu carita, derivados de algún síndrome o con la inocencia de una parálisis cerebral; pero siempre veo en ti lo mismo, el daño físico y mental. A pesar de encontrarte mordido, quemado, golpeado, irritable o inconsciente. Aunque aquellos que te deberían cuidar nieguen o traten de ocultar los daños hechos, siempre los datos que podemos indagar los médicos, así como la verdad, salen a la luz. 

Me duele y me siento impotente de que a través de ti se devele la miseria humana de los vicios, de los problemas mentales y económicos, de la frustración y el enojo.

Ese horrible dragón furioso de ojos rojos brillantes, esa malvada bestia que creíamos había desaparecido, que, a pesar de sus intentos por vivir oculto, sigue vivo e igual de letal que antes; tal y como lo describía el  doctor Kempe en los años 60. 

Haré lo posible porque tu dolor sea menor, tus heridas sanen, tus fracturas suelden, y te rehabilites lo mejor posible; incluso si ese horrible monstruo del maltrato reclama tu vida, puedas partir con tranquilidad, en paz y con un poco de amor que tanto deseabas y que yo te pude brindar; confiamos en Papá Dios para que llegues al lugar de la alegría eterna. 

Te prometo que seré valiente y cada que me encuentre contigo cara a cara, con las heridas de ese maldito dragón de filosas garras, los daños provocados sean los menos posibles. Después de esa horrible experiencia que a pesar de tu pequeña edad te haya tocado enfrentar; deseo que lo que reste de tu vida sea en un mejor lugar, con mucha alegría y amor; me propongo ayudar a otros pequeños para que no experimenten ese cruel sufrimiento.

Para ti con cariño, de un valiente pediatra de urgencias.

Pd. Investigaré mucho más para ayudar y proteger a más niños que se enfrentan diario a ese terrible dragón. 

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