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Universos, utopías y paradojas

Rodrigo Velásquez Torres

Estas letras que lees

La conectividad actual permitió a la humanidad sentirse acompañada en momentos de extrema soledad y, sobre todo, está llevándola a situaciones tan irreales como cualquier panorama de ciencia ficción, con proyectos tan ambiciosos como peligrosos, que pretenden llevarnos a una realidad metafísica, en donde los cuerpos podrán ser substituidos por avatares de nosotros mismos, otros buscan la posibilidad de insertar directamente circuitos electrónicos al cerebro, con el objetivo (dicen) de mejorar las capacidades cerebrales, de cualquier manera, al panorama es escalofriante.

Uno de los gurú de la computación y comunicación, Marshall McLuhan, comentaba que las herramientas desarrolladas por el ser humano son en realidad extensiones de nuestro propio cuerpo. Así pues, desde el arco y la flecha, la maquina de escribir, el automóvil, computadoras, internet, etcétera, tienen una función específica para extender al ser hacia nuevas posibilidades y dimensiones: el arco y la flecha funcionan como prolongación de los brazos al momento de la cacería, la maquina de escribir extendió nuestras posibilidades al momento de escribir, el automóvil funciona como nuestro cuerpo en movimiento, las computadoras son una extensión directa del cerebro (funcionando con electricidad), internet una extensión de la memoria histórica de la humanidad, mientras que el largo etcétera está por venir.

Ahora comenzamos a vislumbrar los principios de una metarealidad y la invitación a tener una extensión psíquica informática en un metauniverso, en donde nada existe, todo es irreal, pero que brindará una sensación nunca antes conocida a la humanidad. Un mundo sub-humano, sub-real, ya que depende de la existencia de este plano, mundano y terrenal, para poder existir, francamente, me alegro así sea, pues la invitación a compartir una sub-realidad es tan tentador como abrir otra caja de Pandora cuyas consecuencias serían más interesantes que cualquier novela de ciencia ficción que se haya escrito.

Nunca ha sido tan real la expresión “la realidad supera a la ficción”. La creación de este metauniverso conlleva una serie de cuestiones que van desde la procedencia de la fuente de energía para mantener ese “mundo” encendido (¿de dónde obtendrán la electricidad para mantenerlo?), consideraciones teológicas (¿existirán iglesias o se creará una nueva religión?), cuestionamientos ontológicos, (¿estaremos ante un nuevo big bang social que detone en una nuevo paradigma en la conformación del ser?), dudas económicas (¿existirá una nueva moneda, se podrá hacer comercio, generar riqueza aplicable a este plano mundano y terrenal hacia tus bolsillos?), hasta pensar en conflictos, y situaciones que van con la naturaleza violenta del ser humano.

El júbilo y la algarabía relacionados con la primera experiencia del metauniverso, así como la disponibilidad natural del ser humano a alterar su conciencia, me hacen pensar que la explosión generada por el primer encuentro podría llegar a cegar a la humanidad, ofreciéndole maravillosas mentiras, espejos distorsionados que reflejan lo que añoramos ser, enviciando al ser humano con una visión irreal de sí mismo, pero que es como siempre hubiera querido ser. De cualquier manera, el futuro parece tan terrible como cualquier otro, pues quienes tuvimos la fortuna de llegar a estas instancias lo hacemos cargados de dudas, con más incertidumbre que cualquier otra cosa. Sin embargo, y afortunadamente, aquí estamos, esperando no convertirnos en recuerdo si no nos conectamos.

Contacto y réplica: [email protected]