Hotel de paso, Bon | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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vagabundo
Foto(s): Cortesía

Hotel de paso, Bon

Giovanna Martínez

Petra

Señor Jesucristo, que el abanderado, San Miguel, lo guíe hacia la Santa Luz, como le prometiste a Abraham y a su descendencia.    

Cuando me dijeron que el Bon se había muerto, sentí feo. Me remordió la conciencia.

­­—¡Psch!  Por qué no le di la moneda que me pidió hace unos días— pensé, mirando el altar que había adornado ese Día de Muertos con flores de cempasúchil para mis fieles difuntos, aquí en mi tienda. Encendí una veladora de las más grandes por su descanso eterno y me persigné.

Recordé cómo lo veía diario, allá afuera, en la calle; cómo se iba perdiendo de plano en el alcohol y nunca hice mucho para ayudarlo. A un alcohólico nadie lo puede ayudar, solo él mismo. Eso dicen los que están en algún grupo de AA. Los he escuchado cuando van a dar su mensaje al término de la misa del domingo.

Uno de los borrachitos de su escuadrón me dijo, cuando fui a comprar un yogurt a la tienda de la cuadra -ahí, donde siempre andan merodeando a ver qué se roban-, que ellos fueron a su casa, pero que no les quisieron abrir, y que en la puerta estaba el moño negro, bien grandote.

—¡Ay Dios! ¿Entonces sí es cierto que se murió? — le pregunté como tonta, cuando ya la noticia había corrido por el barrio.  Dijeron que lo habían enterrado un martes; otros, que el jueves.

Ya había pasado una semana de la triste noticia, cuando llegó a mi negocio, casi corriendo, el encargado del hotel de enfrente y me dijo:

—¿Qué crees?, vino la hermana de Bon.

—A pedir apoyo, ¿no? — le contesté. —En eso de los entierros, velorios y novenas, se gasta bastante.

—¡Nooo! —me contestó todo agitado. —Me vino a preguntar si sabía algo de Bon, que les dijeron que se había muerto.

—¡Cómo que les dijeron!

—Eso me dijo su hermana.

—A ver— le dije. —O sea que ellos no lo enterraron, ¿no vieron su cuerpo muerto? Entonces, ¿de dónde salió ese chisme? Tú me dijiste que se había muerto.

—Bueno, a mí me dijo el que vende los cócteles de mariscos. Luego le pregunté al de los tacos, y él me dijo que se había muerto porque le habían pegado ahí en el bar del gordo. Sus compañeros del “escuadrón de la muerte” dijeron que se había muerto en un anexo, que fueron a su casa y que en la puerta estaba un moño negro. Pero ahora que me acuerdo— siguió diciendo— uno de sus hermanos murió hace como tres meses. ¡Por eso había un moño ahí!

—Si su familia no lo enterró, entonces ¿dónde está? Hace más de dos semanas que nadie lo ha visto­— le dije al del hotel.

—Pues nadie sabe, yo le pregunté a su hermana: “¿Ustedes no lo han visto?, ¿no lo enterraron?”. “No”, me contestó.

—Yo estoy segura que esos del escuadrón de la muerte fueron los que iniciaron el chisme, vieron el moño negro en su casa y sacaron conclusiones, “mataron” a su amigo. Y yo que hasta una veladora le encendí, y de las más caras.

Después de que su hermana fue a preguntar por él, todo el barrio andaba como loco. Al poco tiempo comenzó a circular una ficha de la Fiscalía del estado con la foto del Bon, lo reportaban desparecido. Su familia puso la denuncia.

Continuará…