Pasar al contenido principal

Cada día te extraño más

Una silueta solitaria observa el atardecer, representando el sentimiento de soledad y la profunda tristeza de extrañar a un ser querido.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Gerardo Garfias Ruiz / Colaborador  

Madre en tu día

El libro de la vida dice que conforme hacemos y pasamos la vida, se enraízan más lo que abrevamos en la infancia, regresan los recuerdos con casi cualquier pretexto para a veces remojar lo amargo que nos infringió en el alma, la alegría y felicidad que llenó de luz y risas en mi caso no pocas veces, a una de tus primeras lecciones de vida que una y otra vez repetías sobre todo ante momentos aciagos o adversos para animar y caminar con esperanza y sobre todo con amor: La mente de un niño insistías, es como una cera virgen, lo que allí se imprima le quedará para todo la vida. Cuando ante la tozudez y severidad del viejo se me rompía el alma y el llanto apretabas mi mano y entrada la adolescencia el ímpetu por querer responder de no muy buena manera, inquirías en plena rebeldía y falsa autosuficiencia de esa bella edad: ¿Quién es el necio? entonces no te compares y usa tu inteligencia que para eso te la dio Dios.

Llegado el tiempo de la diáspora para abrevar en la universalidad, cuando el envío y llegada de una carta era de tres días, tuvimos un acuerdo tácito y todos los días nos cruzamos palabras, sentimientos y esperanzas que me crecieron como el sigilo de la iguana junto al río de las nutrias de nuestro pueblo por un mundo mejor, por que los más necesitados tuvieran justicia y una existencia digna, por cumplir con mi encomienda principal de estudiar con los sacrificios económicos que como siempre y como tantas madres lo hicieron, administraste casi de manera mágica repasando una y otra vez hasta altas horas de la noche junto a tu compañero de vida para ver si de alguna manera salieran mejores cuentas y hacías para que alcanzara de cualquier manera. Tal vez por eso necie tantas veces para que me dijeras porqué te cásate con él que la abuela Toña una y otra vez en los memoriales pleitos con mi padre le espetaba inequívocamente que por él tu habías dejado de “vestir y calzar del mismo color” ante la prosperidad familiar surgida del trabajo y de las ganancias de aquella primera fábrica de refrescos envasados que diligentemente el tío Pancho tú único hermano manejaba.

Porque lo  amo y sigo enamorada de él me contestabas una y otra vez a pesar de su carácter tan difícil y afectado aún más por el trabajo en las máquinas de ferrocarril de 11 de la noche a las 6 de la mañana y que es otro de los bellos recuerdos que conservo cuando diariamente él te traía algún presente que iban desde cortes de telas para tus vestidos o una bolsa de pepitas de calabaza al tenor de “vieja, está pobre la patria pero te traje un recuerdito” con la caricia corpórea que te hacía ruborizarte para recordarle “Carlo, están los niños”  y el consiguiente guiño que mi viejo nos hacía. Tanto en los regresos furtivos dos veces por año a casa como en el servicio de envíos por ferrocarril, me llenabas de cajas con los manjares preparados y artículos alimenticios tan propios de nuestra cultura Zaee que los convertía en despensas alargadas lo más que podía y para preparar una comilona con la paisanada que compartíamos la Universidad en la añorada Jalapa Veracruz.

Con la edad me crecieron también las utopías que en un desayuno de aquellas gozadas vacaciones en lo que fue nuestra casa en San Jerónimo de mis recuerdos, el viejo me increpó y reclamó que ya sabía que andaba de “izquierdoso” y que tuviera en cuenta que como es el gobierno un día van a venir no solo por ti sino también por toda la familia me dijo dura y ácidamente, ante lo que envalentonado por lo que ya sentía mi independencia ante tu angustia le respondí: ¡Pues tu eres el culpable! Y le recordé entonces su militancia radical como líder ferrocarrilero en aquella histórica huelga que fue un y es un bastión de la lucha obrera en México, de cuando una madrugada bajó subrepticiamente a casa y pintó en una manta larga y blanca ante mi azoro y brincos infantiles unas letras que el resto de la madrugada entre sollozos trataste de borrar de los ladrillos por haber quedado aquella consiga de “que muera el mal gobierno”     

A mi regreso de mi utopía, no dejaste de reclamarme por qué no te lo dije antes y ante mi balbuceo de que no lo hice porque no sabía si iba a regresar respondiste con orgullo y decisión: ¡Esa no era mi preocupación, me dolió que no me llevaras, también se cómo hacerlo, fui camisa roja de Garrido Canabal! y en algo iba a ser útil asentaste ante mi pena y llanto contenido de haber abrevado de ti y de mi viejo para alimentar aquellos sueños y esperanzas por algo mejor! Hoy te reitero mi amor, mi entrega y mi esperanza para aun con la edad a cuestas seguir tu camino, amar hasta que duela: “Madre los que no estemos para cantarte esta canción recuerda madre que fue por tu amor” Te amo Juanita madre.
 

[email protected]      

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.