Servando Nava Echeverría / Colaborador
Los seres humanos tenemos la capacidad de crecer en todos los ámbitos de la existencia, de instalarnos en procesos de mejora continua en el trabajo, en el crecimiento académico, cultural y económico y evidentemente en temas básicos de superación personal. Es decir, todos los humanos contamos con esa cualidad ética de aspirar a ser mejores cada día; lo contrario, sería la derrota de la esencia humana: el anhelo de ser mejores individuos. Quien no aspira, está anclado e inmovilizado por su ignorancia y por sus limitaciones de todo orden. Quien no ansía prevalecer está condenado a vivir su pobre vida en forma repetida y lastimosa. Quien no se prepara, quien no lee, está destinado a rumiar, frecuentemente su pobre historia de vida. Todos los grandes avances de la humanidad (¿ejemplos? en materia de la Medicina: la construcción de las vacunas RNA modernas que han frenado la propagación de la infección por el Virus SARS-CoV-2, los trasplantes de órganos, los nuevos fármacos, el manejo del Cáncer, la cirugía endoscópica, el abatimiento de la desnutrición, etc. Otras muestras son la telefonía celular, la Internet, los medios de comunicación instantáneos, la movilidad por el planeta, las pantallas con resolución 4K, etc), son logros derivados de que hubo humanos que aspiraron a ser extraordinarios. Ningún mediocre, de los que abundan, pudo haber propuesto alguno de estos avances; estos personajes indolentes se dedican a la crítica negativa y a la carencia de iniciativas. Estas creaciones, han sido la consecuencia de individuos que se instalaron en ese sentimiento de crecer permanentemente, de ser soñadores, es decir aspiracionistas.
Pero también, es menester señalarlo, que para alcanzar los afanes que nos proponemos, el ambiente, el entorno que nos rodea debe de propiciar circunstancias que nos ayuden o participen en alcanzar esos sueños. Los grandes adelantos se han dado en naciones en donde se privilegia un ambiente de libertades de toda índole. Hay excepciones de personas que han creado o construido en ambientes hostiles, como son los regímenes socialistas, las tiranías de estado, las guerras, el hambre, pero aquí estamos hablando de circunstancias excepcionales, aberrantes e indeseables y muchos para salir librados de esos ambientes, eligen construir con el afán de salir vivos. (Un sinnúmero de científicos alemanes, durante o posterior a la 2ª. Guerra mundial decidieron emigrar a países en donde dieran rienda suelta a su creatividad con absoluta libertad y dejaron de participar con un gobierno oprobioso, donde tuvieron que colaborar obligadamente).
Entonces estamos hablando del Valor de la Libertad, el valor divino. Las quimeras de libertad siempre han propiciado las grandes revoluciones y cuantas veces, esos nobles movimientos, caen en manos de mentirosos gurús o rapaces guías que, encumbrados en el poder, terminan con este valor universal que justificó su movimiento. Ejemplos son vastísimos: la revolución rusa y la llegada de infames tiranos como Lenin y Stalin, Cuba y la instalación del imperio de los Castro, Venezuela y la perpetuidad de sus innombrables cabecillas; Chávez y Maduro, Nicaragua y la revolución Sandinista que acabo en la tiranía de los Ortega. Rumania que tuvo que soportar a un dictador por 20 años: Nicolau Ceauscescu; la tiranía de 38 años en España de Francisco Franco (1937-1975), Bielorrusia con su dictador desde 1994: Aleksandr Lukashenco (gran amigo y aliado de Vladimir Putin, el otro tirano, mal denominado presidente, quien controla a Rusia desde hace más de 20 años), o el oprobioso Teodoro Obiang Nguema en Guinea Ecuatorial que gobierna el país desde 1979 (47 años). Quien no recuerda al monstruo de Idi Amín Dada conocido como el carnicero de Uganda (1971-1979), responsable de unas 500,000 muertes. Bueno, para acabar pronto: África es una calamidad en materia de democracia y prosperidad: solo 10 de los 54 países que componen este continente son democracias plenas. Los demás países tienen gobiernos híbridos o francas y asquerosas dictaduras y por consecuencia prevalecen pobreza, ignorancia, hambruna y violencia inconmensurables. Curiosamente poco escuchamos de este desastre continental.
El mensaje tiene que ver, con las condiciones que un país establece y que sin lugar a dudas determina como seremos, como actuaremos, qué podremos hacer con nuestra vida, que elección laboral tomaré, que religión profesaré. Aquellos que hemos disfrutado de la libertad, de vivir en un país donde este valor universal señala el rumbo de la vida, obviamente encabezados y protegidos por un sistema (hasta hace unos años, porque en tiempos actuales tenemos mayúsculos sobresaltos) que luchaba por preservar las libertades de sus componentes, podemos ponderar la maravilla de ser libres. Por lo tanto, el Estado tiene la obligación de construir un entorno que facilite el desarrollo, que propicie condiciones de armonía, respeto por el estado de derecho, busque las condiciones para crear empleos, enfrente responsable y seriamente a la delincuencia, siempre pensando en sus ciudadanos. Sin lugar a dudas, el entorno construye lo que somos. De nada sirve que luchemos por nuestros sueños, preparándonos, trabajando, luchando a brazo partido todos los días, si el Gobierno no facilitan esa construcción; de no ser así, el Estado, se convierte en el enemigo de su propio pueblo; claro, muchos engañados, sin saber que les están aplicando el cuento de la zanahoria y el palo. Pongamos unos ejemplos: ¿Tendrán las mismas oportunidades, aspiraciones, sueños y facilidades para realizarse, un chico de Suiza que uno de Cuba? ¿Un joven de Venezuela que un joven de Finlandia? o una persona se desempeñará de igual manera ¿en Uganda que en Francia? Simplemte no está en las mismas condiciones un joven de un poblado remoto ahí en la Sierra en México con un joven de Monterrey. El entono, sin lugar a dudas, nos determina.
Para culminar esta reflexión, que mejor que acudir a una mente brillante como lo fue José Ortega y Gasset, madrileño el, nacido en 1883 y fallecido en 1955, filósofo y ensayista de altos vuelos, de reconocimiento universal, quien en su obra maestra Meditaciones del Quijote construyó un concepto célebre, que viene a redondear, lo que humildemente he propuesto: Yo soy yo y mis circunstancias y si no las salvo a ellas, no me salvo yo. …Mi vida, la de cada cual, es la realidad primaria o "radical" en la que todos los demás seres, realidades y cosas –incluido yo mismo– se me aparecen... Mi vida es donde encuentro todas las realidades, y donde las realidades me encuentran a mí, incluidas las que me trascienden –historia, cultura, cosmos, Dios– y donde me descubro como una persona viviente…”. Ortega insiste: Lo que está en torno al hombre, todo lo que lo rodea, no solo lo inmediato, sino también lo remoto; no solo lo físico, sino también lo histórico, lo espiritual, forjan nuestro ser…”. Es decir, el entorno determina lo que somos. Por lo tanto, la tarea es luchar denodadamente, cada quien, desde su trinchera, para contar con un ambiente democrático, prospero, de libertades, con verdadera educación ética, para alcanzar los sueños tan anhelados.
