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El salto al vacío. Placer y pulsión de muerte

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Rafael Alfonso

 

El bungee jumping, que hoy en día atrae a buscadores de emociones de todo el mundo, tiene sus raíces en un antiguo ritual de iniciación en la remota isla de Pentecostés, en Vanuatu. Este ritual, conocido como Naghol, marca la transición de la juventud a la adultez para los jóvenes varones de la tribu. Con sus pies atados a lianas (aquellas de las que se colgaba Tarzán), dichos jóvenes se lanzan desde altas torres de madera, desafiando a la gravedad y a la muerte.

Los relatos de exploradores que presenciaron este ritual revelan que, en ocasiones, alguna de las lianas (que se elegían al azar) no eran lo suficientemente resistentes y se rompían, llevando a la muerte del saltador.

Buscar placer en el riesgo

Resulta intrigante cómo en pleno siglo XXI, una práctica como esta sea abrazada como una forma de entretenimiento recreativo. Esta paradoja nos lleva a reflexionar sobre la naturaleza compleja de la búsqueda del placer y su relación con la pulsión de muerte. La búsqueda del placer no se limita únicamente a la satisfacción de necesidades básicas, también involucra la exploración de los límites y la confrontación con lo desconocido.

En el caso del bungee jumping, la adrenalina y la emoción intensa que experimentan los saltadores representan un escape de la monotonía de la vida cotidiana y una búsqueda de una experiencia trascendental. La sensación de caer al vacío y la posterior recuperación de la seguridad libera neurotransmisores como la dopamina y la endorfina, que están asociados con el placer y el bienestar.

El cuerpo como un escenario de emociones

Un talentoso y reconocido actor mexicano, en una conversación con sus compañeros de escena, reflexionaba sobre el impacto de la actuación en el cuerpo. Explicaba cómo, al actuar, estimulaba su cuerpo con emociones y estados de ánimo imaginarios para lograr una interpretación más auténtica. Sin embargo, señalaba que el cuerpo no siempre distingue entre las sensaciones verdaderas y falsas, y si la obra era trágica, por ejemplo, su cuerpo reaccionaba en consecuencia.

Imaginemos ahora el estrés al que se somete un cuerpo ante la experiencia de una muerte inminente, como la que se experimenta en el bungee jumping. Al lanzarse al vacío, un cuerpo sano sólo puede reaccionar de una manera: aumentando la frecuencia cardíaca, disparando los niveles de glucosa y liberando una gran cantidad de adrenalina. Esta respuesta fisiológica, conocida como la "respuesta de lucha o huida", está diseñada para prepararnos para situaciones de peligro y aumentar nuestras posibilidades de supervivencia. En el caso del bungee jumping, esta respuesta se desencadena por la percepción de un riesgo real, aunque lo creamos controlado. La recompensa, al final de esta intensa experiencia, deriva del alivio de permanecer con vida y es lo que engancha a muchas personas a la experiencia.

La atracción por el abismo

La pulsión de muerte, propuesta por Sigmund Freud, se refiere a una tendencia innata hacia la autodestrucción y la aniquilación. Esta pulsión, que coexiste con la pulsión de vida, o Eros, puede manifestarse en comportamientos de riesgo y en la atracción por el peligro. En el caso del bungee jumping, la confrontación deliberada con la muerte puede ser interpretada como una expresión de esta pulsión de muerte. Al lanzarse al vacío, los saltadores están jugando con la posibilidad de su propia desaparición a la vez que exploran los límites de su existencia.

Por desgracia, el pasado fin de semana en Brasil, esta práctica cobró la vida de una joven, producto de un inexplicable descuido por el cual terminó lanzándose al vacío desprovista de la cuerda que protegería su vida.

Otra expresión de la pulsión de muerte es la necesidad que tenemos como sociedad de viralizar estas imágenes que uno supondría perturbadoras.

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