Por Inara Farrera Cruz
Como todos los sábados, el equipo de psicoanalistas que conformamos el Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica, INEIP A.C., nos reunimos para nuestro seminario de formación, que tiene lugar por las mañanas.
El último sábado —tras la narración de una anécdota clínica por parte de nuestro formador y de que este señalara el elemento llamativo en dicha anécdota—, mi colega, Carolina, preguntó: “¿El elemento llamativo es aquello que se sale de la norma?”. La respuesta me dejó sorprendida, “Sí y no”, por lo que pensé: “qué complejo es definir el elemento llamativo y, sobre todo, encontrarlo en nuestra práctica clínica”.
Una precisión importante
Al escribir él ultimo fragmento del párrafo, haciendo énfasis en encontrar el elemento llamativo, me percaté de una imprecisión al compartirles esta experiencia, y paradójicamente, es aquello que nos imposibilita observar el fenómeno. Me refiero a la falta de precisión al nombrar las cosas -la lógica con la que muchas veces estamos acostumbrados a pensar los conceptos-.
Estas sutilezas son las que hacen al psicoanálisis diferente a otras teorías. El elemento llamativo no es algo que se “encuentra”, pues esta lógica nos llevaría a pensar que dicho elemento está escondido, ya sea en lo inconsciente o en el discurso del paciente, y ¿por qué no?, pensar que el paciente desea ocultarlo.
Cuando mencionamos el elemento llamativo, no es algo que damos por sentado que se encuentra en el decir del otro y que nuestro trabajo sea encontrarlo, sino más bien se trata de algo que emerge, una contingencia en el discurso que ni el mismo paciente ni la o el psicoanalista esperan. Es aquí donde cobra relevancia nuestra forma de escuchar al paciente, la cual se conoce como “escucha parejamente flotante”.
Conceptos como recetas de cocina
En el tiempo que he dedicado a mi clínica, mi análisis personal y al seminario, me he percatado de lo delicado e impropio que es manejar los conceptos psicoanalíticos como recetas de cocina, por ejemplo, si el elemento llamativo tuviera definición textual, con características específicas; se perdería la importancia de la escucha parejamente flotante que debemos mantener en las sesiones, misma que nos da la posibilidad de vislumbrar dicha contingencia. Así que la disposición psíquica del psicoanalista, en la escucha de pacientes no deberá ser la de un cazador de elementos, sino más bien la de quedar a la espera de que estos lo sorprendan, en otras palabras, su disposición es la del vacío.
Una vez más, me percato de la importancia del papel de investigador en la o el psicoanalista; empezar la escucha en total ignorancia entrenando al oído para que nuestro ejercicio no esté permeado por nuestra moral, ideales, visión del mundo, etc.
Desde aquel sábado me di a la tarea de investigar cómo otras personas definen al “elemento llamativo”, pero lo que encontré fue variaciones de una especie de checklist, en donde pareciera que, si lo escuchado no cumple con esas características, no puede ser considerado elemento llamativo.
No hay una checklist que nos de dirección en el tratamiento psicoanalítico, porque, de existirla, corremos el riesgo de perder de vista aquello que nos dice el paciente, sólo por buscar entre su decir, aquello que se ajuste a la teoría. Me parece increíble que durante mis estudios de licenciatura nunca haya escuchado de este concepto, tan trascendente para la técnica clínica.
¿Quieres saber más? Pide informes al teléfono 951 508 4356 y ¡Hazte escuchar por una o un psicoanalista del INEIP A.C.! [email protected]
Esta colaboración es parte de la columna Consultorio del alma, cuenta conmigo.
