Por Jesús Antonio Martínez Carrasco
Hace años sufrí un desencanto al anoticiarme de la sospecha de corrupción de las grandes entidades deportivas, entre ellas la FIFA. Recuerdo mi pasión por los Pumas de la Universidad y cómo, ante el conocimiento de que algunos partidos estaban arreglados, dejé de ver el futbol. En esta ocasión me intrigó que, ante la sospecha que uno de los equipos sería ayudado a levantar la copa, apareció el “¿Y si sí?”; es decir, pensar que nuestra o cualquier selección podía ser la campeona.
Hace 10 días fui invitado a una cena a la casa de un gran amigo. Él ya tenía dos invitados antes de mi llegada. Tan pronto como saludé a mi anfitrión y me presenté ante los otros invitados, mi amigo me dijo que estaban hablando de futbol y me preguntó si me gustaba. Mi respuesta fue: “No. Me gusta verlo como acontecimiento social”, y recalqué: creo que hay mucho que analizar en este tipo de fenómenos que aglutinan a gran parte del mundo y luego pensé para mis adentros: “¿Por qué dije eso?”.
Una invitación inesperada
El domingo, después de visitar a mis padres, mi hermano ofreció ir a dejarme a mi casa. En el trayecto me invitó a ver el partido de la final. Le dije que podríamos verlo en casa. Él espontáneamente me expresó: “No es igual, hay más ruido en el bar”. Luego de unos segundos de pensarlo, acepté la invitación de mi querido hermano, pues consideré que nos relajaría.
Llegamos al bar, el lugar estaba llenó y nos sentamos a la mesa que nos ofreció el mesero. Ya estaba por terminar el tiempo regular del partido. Mi hermano tenía razón; el ruido del lugar hacía que el ambiente fuera muy distinto a ver un partido en casa. La gente gritaba, se enojaba, se agarraba los cabellos, le chiflaba al jugador de su desagrado y aplaudía a su favorito.
Cuando pasaba alguna acción importante y la gente reaccionaba efusivamente, mi hermano y yo sólo nos mirábamos y reíamos; lo hacíamos como una forma de liberar cierta tensión, para no desbordarnos en euforia. Sin embargo, cuando cayó el gol de España, no pude evitar unirme a la algarabía.
Les quise compartir este preámbulo de aquello que me dejó la intención de ser un investigador del fenómeno llamado futbol.
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