Oaxaca.- Los eclipses repercuten de formas diferentes en la Tierra y su naturaleza, las aves se confunden, dejan de cantar y anidan antes de lo previsto por la oscuridad, los murciélagos despiertan anormalmente y los canes aullan al cielo... pero los humanos se reunen para contemplar este fenómeno astronómico que quizás en Oaxaca no oscureció sus valles y sierras, pero sí agrupó a miles de habitantes que contemplaron un astro parcialmente cubierto por el satélite lunar.
Curiosos, interesados y conocedores en la astronomía, aficionados a observar las estrellas o asombrados por la bastedad de la naturaleza y el inmenso universo, quienes se reunieron en el observatorio municipal de Oaxaca de Juárez, el Canuto Muñoz Mares, fueron testigos de un evento cósmico y un fenómeno astronómico que es difícil de ver más de dos o tres veces en una sola vida.
Proyecciones del fenómeno astronómico. FOTO: Eric Díaz Mendoza
El ascenso por la calle Nicolás Copérnico nunca es tan transitado por la población oaxaqueña, pero en esta ocasión la vía que lleva el nombre del astrónomo que colocó en el centro de la Vía Láctea al astro solar, estuvo repleta de visitantes del municipio capitalino.... más de dos mil pesonas que atestiguaron este 21 de agosto un eclipse parcial solar... un fenómeno que no se veía desde hace 26 años y seis meses, cuando en 1991 el sol ocultó a Oaxaca en la oscuridad.
Los oaxaqueños siempre han contado con un observatorio construido en una de las ciudades más importantes en mesoamérica y las civilizaciones indígenas prehispánicas, Monte Albán; hoy el edificio J de este sitio arqueológico declarado por la UNESCO patrimonio cultural de la humanidad, muestra a los oaxaqueños una cultura astronómica, arraigada en una civilización que observaba las estrellas y el cielo, donde el dios jaguar daba una mordida al sol, dejando sólo la marca de sus fauces o incluso devorándolo.
Las gafas con filtros solares permitían ver en negros y naranjas la cobertura del astro. FOTO: Eric Díaz Mendoza
Una vez más, los habitantes vieron con paciencia y esmero el cielo, el cual estuvo totalmente despejado para apreciar con facilidad el evento.
La pendiente de la colina y caminar más allá del auditorio Guelaguetza parecieron actividades agotadoras, pero ni el calor ni la sed fueron suficiente obstáculo para contemplar cómo los humanos somos sólo en el universo una hormiga en una colonia llamada Tierra.
El fenómeno astronómico tuvo gran convocatoria en los oaxaqueños. FOTO: Eric Díaz Mendoza
Algunos mayores que todavía atestiguaron el eclipse del 7 de marzo de 1970, recordaron como vieron el fenómeno con cascos y lentes de soldadores, ahora esta generación tuvo la oportunidad de verlos con telescopios solares, otros móviles de alta tecnología, además de los lentes con filtros para verlo sólo con alzar la mirada.
Quienes atestiguaron el eclpise parcial de sol del 21 de agosto de 2017, quizás en 17 años o más, podrían ser testigos de una alineación perfecta entre el sol, la luna y el planeta... cuando el eclipse total solar ausenta los colores en el mundo.
