La tradición de instalar un altar en Día de Muertos conlleva muchos preparativos e implicaciones religiosas y culturales como la prohibición de nunca consumir los alimentos del mismo. Aquí te explicamos la razón para no hacerlo.
Aunque los altares de muertos son una fuente de sabores y aromas pues se colocan en ellos alimentos como platos de mole, tamales, dulce de calabaza, tejocotes, tazas de chocolate, además de diferentes panes de muerto, un vaso de agua, además de frutas como jícama, caña de azúcar, cacahuates, manzanas, nueces y nísperos, entre otros, ninguna de estas delicias debe tocarse.
En principio debemos recordar que el altar está dedicado a nuestros seres queridos que fallecieron, por lo que toda la comida es para ellos. No por nada se colocan platillos que eran de su agrado.
Creencia popular
La razón de no tocar los alimentos es porque existe una creencia muy arraigada en algunas comunidades en la que las almas de los difuntos visitan el altar y absorben la esencia y sabor de los alimentos, dejándolos “vacíos”.
De este modo, la creencia popular dice que una vez que los espíritus han pasado por el altar, los alimentos quedan desabridos y sin nutrientes, pues las almas han tomado su esencia. Esta es la razón por la cual muchas personas, especialmente en comunidades tradicionales, evitan consumir estos alimentos.
Oxidación de los alimentos
Por otro lado, al dejar los alimentos al aire libre, expuestos por horas o incluso días, estos experimentan un proceso natural llamado oxidación, lo cual provoca una serie de reacciones químicas que afectan su color, sabor y textura.
Según especialistas en química de alimentos, la oxidación puede hacer que frutas, panes y otros productos pierdan su frescura, se vuelvan blandos o duros, y adquieran un sabor menos intenso y agradable.
Procesos químicos
Por ejemplo, en el pan de muerto las grasas tienden a oxidarse rápidamente, lo que resulta en un sabor rancio. Además, los alimentos en el altar suelen estar expuestos a variaciones de temperatura y humedad, factores que también contribuyen al deterioro de sus propiedades organolépticas. Además, también están expuestos a moscas y otros insectos que los pueden contaminar.
Otros alimentos más se echan a perder como los tamales y el mole.
Respeto a los muertos
Así mismo, mucha gente no toca los alimentos del altar de muertos por respeto hacia los seres queridos que se han ido.
En otras zonas del país optan por compartir estos alimentos con animales o devolviéndolos a la tierra como una forma simbólica de cerrar el ciclo de vida y muerte.
Por último, en algunas comunidades de los Valles Centrales de Oaxaca las personas mayores advierten a los niños de la casa que no deben comer los alimentos del altar porque si lo hacen, en la noche llegarán los espíritus de los muertos y, en venganza, les jalarán los pies.
