Uno de los países más bellos y pacíficos para habitar es Grecia, ya que ofrece un clima y costumbres particulares para visitar o instalarse, pero también tuvo sus momentos oscuros en su historia, sobre todo en las décadas de 1930 y 1940 donde asiló al país Mariam Soulakiotis, apodada en los medios como "La Mujer Rasputín".
Esta mujer se desempeñó como abadesa, situación que aprovechó para ser luego una estafadora y asesina en serie griega que mató a 27 adultos, todos seguidores de su secta, y a 155 niños, siendo su número total de víctimas 182.
Nacida en 1883 en la zona griega de Keratea, poco se sabe de sus primeros años, aunque hay que resaltar que la asesina no formaba parte de la Iglesia ortodoxa griega al momento de sus crímenes, sino de una secta conocida como "Los Matteitas", fundada en 1927 por el "Arzobispo" autoproclamado Matthew Karpathakis de Vresthena.
A comienzos de la década de 1920, Soulakiotis fue monja en la corriente principal de la Iglesia Ortodoxa Griega (GOC), pero pronto se convirtió en una cercana seguidora de su superior religioso, el obispo Matthew Karpathakis de Vresthena.
Fundación de monasterio
Tras la adopción del calendario juliano revisado por parte de la COG en el Concilio de Constantinopla en mayo de 1923, el obispo Matthew, en desacuerdo con esta decisión, decidió autoproclamarse arzobispo y fundar su propio monasterio ortodoxo veterocalendaristas. Cuatro años más tarde la monja se unió a Vresthena y fundaron el Monasterio Pefkovounogiatrissa (Monasterio de la Virgen en los pinos), ubicado entre la ciudad de Keratea y el pueblo de Kaki Thalassa.
Si bien el lugar se abrió para ofrecer tratamientos contra la tuberculosis, eso comenzó a cambiar con el paso de los años, ya que Mariam tomó el lugar del "arzobispo" (tenía 78 años) y los ilícitos no tardaron en llegar.
El modus operandi era el siguiente: alentaba a las mujeres ricas a unirse al convento y luego las torturaba hasta que donaran sus fortunas al monasterio; una vez logrado el cometido, en algunos casos, mataba al donante.
En 1940, después de establecer el control sobre las otras monjas en el convento, envió a los monjes del monasterio por Grecia en busca de "solteronas, viudas y familias" adineradas para convertirse. En tanto, se informó que en el momento de su arresto había acumulado trescientas casas y granjas en toda Grecia, así como oro y joyas.
Las sospechas comenzaron a circular cuando varias de las novicias que se presentaban a la abadía, "donaban" propiedades y dinero al lugar "sin ser forzadas". Hay que resaltar que también pesaba sobre la monja la muerte de cientos de niños por ser maltratados contra la tuberculosis y dejarlos morir de hambre, con lo cual el accionar de la mujer cada vez era más cuestionado por las autoridades locales de aquel momento.
Tal es así que el reinado de tortura y muerte tuvo su final a comienzos de la década de 1950, cuando algunos niños hambrientos lograron escapar de la abadía y comenzaron a denunciar los maltratos sufridos. Decenas de policías allanaron el monasterio y se encontraron con el horror, como niños y ancianas en estado de desnutrición y encerrados en los sótanos del lugar. Además, encontraron cientos de adoradores de este culto dentro de la abadía y muchos habían "donado" herencias y pertenencias al movimiento, pero también se supo de otros que hicieron lo mismo y murieron dentro de esas paredes.
Juicio y muerte
Esta situación derivó en su detención y posterior juicio en 1951, el cual tuvo importantes adhesiones a su favor y en contra por la imagen que mostró la monja desde su abadía, sin embargo, la justicia no dudó en condenarla a unos 15 años de prisión (divididos en tres juicios distintos) y lejos de arrepentirse de todo, terminó en la prisión de Averoff, donde murió a finales de noviembre de 1954 y fue enterrada en los terrenos del convento.
