Las hermanas González Valenzuela, originarias de El Salto, Jalisco, son las protagonistas de uno de los casos más perturbadores de México.
Durante su infancia fueron víctimas de violencia familiar.
Carmen se fugó con su novio cuando era adolescente, el motivo fue huir del maltrato de su padre, sin embargo la encontró y la encarceló en una prisión municipal.
Trabajaban como obreras en una fábrica textil, pero al fallecer sus padres recibieron una gran herencia, la cuál ocuparon para abrir un prostíbulo.
Debido a la fama que se ganaron por su bar en San Francisco del Rincón, Guanajuato, se les apodó "Las Poquianchis".
En 1954, en Lagos de Moreno, Jalisco, abrieron un burdel, ya que la prostitución estaba prohibida en el estado, las hermanas establecieron nexos con autoridades corruptas para estar protegidas.
Manejaban prostíbulos en Jalisco y Guanajuato.
Reclutaban a mujeres con engaños y las obligaban a dar sexoservicio, la edad de sus víctimas oscilaba entre los 12 y 15 años.
Las víctimas eran golpeadas, sometidas y abusadas sexualmente.
Las Poquianchis les proporcionaban ropa y comida a precios arbitrarios para así generar una deuda imposible de pagar.
Si alguna de sus trabajadoras quedaba embarazada se le practicaba un aborto, así mismo los bebés nacidos fueron asesinados.
Cuando las mujeres rebasaban los 25 años de edad, eran asesinadas por los colaboradores masculinos de las hermanas "Poquianchis", otras víctimas que ya tenían antigüedad se convertían en cómplices de ellas, su función era participar en los homicidios.
Fueron detenidas el 6 de enero de 1964, una víctima escapó y las denunció.
Se les atribuyeron 150 asesinatos, la mayoría eran mujeres dedicadas a la prostitución que trabajaban en sus burdeles.
Las autoridades encontraron un pequeño cementerio con restos humanos de sus víctimas.
Se cree que algunas de sus víctimas fueron enterradas con vida.
Tres hermanas fueron acusadas de homicidio, lenocinio, tráfico de personas, crimen organizado, inhumación ilegal de restos humanos, aborto, corrupción de menores, privación ilegal de la libertad y soborno.
Fueron condenadas a la pena máxima de 40 años de cárcel, pero sólo una logró morir en libertad.
