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Odio criminal entre familias; la masacre en España

Pistoleros corriendo
Foto(s): Cortesía
Alejandra López Martínez

Agencias

Fueron 20 minutos de disparos, gritos, olor a pólvora, sangre y muerte. En ese pequeño lapso murieron nueve personas y otras 12 resultaron heridas de gravedad, en un baño de sangre motivado por la disputa de tierras y una interminable cadena de venganzas entre las familias Izquierdo y Cabanillas. 

El escenario de la tragedia fue Puerto Hurraco, una diminuta localidad de apenas 130 habitantes, ubicada en la provincia de Badajoz, Extremadura, España.

Este asesinato múltiple ocurrió al atardecer del 26 de agosto de 1990. Ese aciago día, los hermanos Antonio y Emilio Izquierdo, de 53 y 58 años respectivamente, consumaron la más atroz de las venganzas.

Antecedentes

Las rencillas entre estas familias se remontan a 1967 cuando Amadeo Cabanillas entró con el arado en una finca cuyos límites se disputaban ambas familias. 

También hubo una historia de amor no correspondido. Luciana Izquierdo y Amadeo Cabanillas se enamoraron pero finalmente Amadeo rechazó casarse con Luciana, lo que la afectó mucho. 

Pocos días después, Amadeo murió a manos de Jerónimo Izquierdo, el mayor de los hermanos Izquierdo, que ingresó en prisión por su crimen y estuvo en prisión 14 años hasta 1986.

En la década de 1980, los Izquierdo tuvieron constantes rencillas con la familia Cabanillas sobre los límites de sus tierras en Puerto Hurraco.

Tras cumplir condena, Jerónimo Izquierdo regresó a Puerto Hurraco para vengar la muerte de su madre, fallecida en un incendio el 18 de octubre de 1984, pues la familia Izquierdo siempre culpó a los Cabanillas de ser los autores de ese fuego. 

Jerónimo Izquierdo apuñaló a Antonio Cabanillas, hermano del difunto Amadeo. Antonio consiguió sobrevivir al atentado.

Jerónimo ingresó en el psiquiátrico el 8 de agosto de 1986 y murió nueve días después.

La masacre

El 26 de agosto de 1990, tras despedirse de sus hermanas, a quienes dijeron que iban "a cazar tórtolas", los hermanos Antonio y Emilio Izquierdo, de 53 y 58 años respectivamente, iniciaron su más terrible acto de venganza contra la familia Cabanillas. 

Los consideraban autores del incendio de una casa de su propiedad, en el que murió quemada la madre de los hermanos Izquierdo.

Para comenzar su venganza, los hermanos Izquierdo usaron escopetas calibre 12. Estuvieron escondidos en un callejón y luego salieron hacia una plaza, disparando contra unos vecinos del pueblo apellidados Cabanillas.

Posteriormente el tiroteo derivaría contra quienes se cruzaran por la calle. La munición empleada era de postas, cartuchos que contienen nueve gruesos perdigones de plomo o hierro.

Los Izquierdo incluso llegaron a disparar contra una unidad de la Guardia Civil, que acudió de la casa cuartel de Monterrubio de la Serena alertada por los vecinos.

Los dos agentes resultaron gravemente heridos en el interior de su vehículo, antes de tratar de defenderse con sus armas reglamentarias.

Consecuencias

Tras la matanza, los hermanos Izquierdo huyeron a la sierra. Las unidades de la Guardia Civil que los buscaban los encontraron durmiendo 9 horas después del inicio de la tragedia y fueron detenidos sin resistencia.

Fueron conducidos al juzgado de Castuera, lejos de Puerto Hurraco y de más que posibles ajustes de cuentas.

Emilio tras su detención no mostró, al igual que su hermano, el más mínimo signo de arrepentimiento. "Ahora que sufra el pueblo, como yo he sufrido durante todo este tiempo".

Su hermano Antonio aseguró que aún tenían pensado continuar con la matanza. "Si no nos hubieran detenido, habríamos vuelto al pueblo a dispararles durante el entierro de los muertos".

Habían dejado 9 muertos, entre los cuales dos niñas hermanas de 12 y 14 años que jugaban en la plaza, y en torno a una docena de heridos de diversa gravedad. Algunos acabaron tetrapléjicos en silla de ruedas el resto de su vida. Los hermanos Izquierdo creían haber matado a unas 20 personas.

El juicio de los criminales

En el juicio fueron condenados a 684 años de cárcel. "Su inteligencia", resaltó el juez magistrado, "está dentro de lo normal, hecho que queda corroborado porque eran capaces de manejar un rebaño de unas mil ovejas, tenían fincas arrendadas y tienen, con la crisis que atraviesa el campo, una cartilla de 10 millones de pesetas".

Al principio se involucró a las hermanas Ángela y Luciana como posibles inductoras del crimen, pero dos años después las hermanas Izquierdo fueron exculpadas, al no encontrar el juez pruebas que demostrasen su implicación directa en aquellos dramáticos hechos, pero fueron ingresadas en el Hospital Psiquiátrico de Mérida por consejo de los médicos, que les diagnosticaron un proceso paranoide y un trastorno delirante compartido relacionado con la venganza por la muerte de su madre, seis años antes, en un incendio.

Fallecimiento de los involucrados

Catorce años después, el 1 de febrero de 2005, murió en esta institución mental de Mérida Luciana Izquierdo (1928-2005) a los 77 años, considerada por muchos la verdadera inductora de los crímenes de Puerto Hurraco.

En noviembre del mismo año, solamente 10 meses después, su hermana Ángela Izquierdo (1941-2005) falleció a los 64 años en el mismo psiquiátrico.

Casi dos años después, el 13 de diciembre de 2006, Emilio Izquierdo (1934-2006) falleció por causas naturales en la prisión de Badajoz a los 72 años, pues padecía problemas de corazón y fue hallado sin vida en su celda por un funcionario.

En el entierro, cuando su hermano Antonio acudió, éste dijo delante de su tumba: "Hermano, te vas con la satisfacción de que tu madre ha sido vengada".

Tres años y medio después, diecinueve tras la matanza, el 25 de abril de 2010, el último de los hermanos, Antonio Izquierdo (1938-2010), se suicidó en la prisión de Badajoz a los 72 años.

Se ahorcó en su celda del módulo de enfermería, donde se encontraba debido a su delicado estado de salud. Los funcionarios de la cárcel encontraron el cadáver mientras hacían una ronda a las dos de la madrugada.

Éstos informaron inmediatamente a los servicios médicos, que únicamente pudieron certificar su muerte. 

Antonio Izquierdo se quitó la vida el mismo día que tenía que haber salido en libertad de no ser porque a su caso se aplicó la doctrina Parot, establecida por el Tribunal Supremo en 2006.

Antonio cumplía una condena de 25 años, hubiera quedado en libertad si no se le hubiese aplicado la doctrina Parot, por lo que aún le quedarían cinco años de pena por cumplir. Izquierdo había mostrado su malestar por la aplicación de esta doctrina.

Puesto que ni los Cabanillas ni los Izquierdo tuvieron descendencia, ambos apellidos estaban destinados a perderse, por lo que se puede decir que los atacantes, la familia Izquierdo, en cierto modo logró su objetivo y también que es el punto final de una serie de sucesos trágicos entre estas dos familias.

 

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