Agencias
El 11 de junio de 1962, tres presos escaparon en una balsa improvisada de la isla-prisión de Alcatraz, fuertemente custodiada, al norte de San Francisco en Estados Unidos, después de urdir un complejo y arriesgado plan durante meses. Nunca fueron vistos de nuevo y hasta hoy su paradero es desconocido.
Frank Lee Morris, un delincuente común y los hermanos Clarence y John Anglin, condenados a más de diez años por robar 15.000 dólares en asaltos bancarios, cavaron un túnel durante meses desde sus celdas utilizando tan solo unas cucharas y aprovechando que el hormigón que rodeaba el respiradero estaba muy dañado por la humedad. Un acordeón que sonaba durante la clase de música amortiguaba los ruidos de la excavación.
La noche del 11 de junio de 1962, dejaron en sus literas unas cabezas falsas fabricadas con jabón, hojas de revistas y pelo que sacaron de la barbería, y se escabulleron por la rejilla de ventilación. Cuando llegaron al exterior, se cree que construyeron una balsa con unas gabardinas y entraron en la bahía de San Francisco.
A pesar de la intensa búsqueda, se desconoce si los presos de la gran fuga sobrevivieron en su intento por llegar a la orilla, a unos dos kilómetros y medio de Alcatraz, o se ahogaron sin remedio en las gélidas aguas que rodean la isla.
Como nunca más se supo de ellos, se convirtieron en leyenda por haber sido capaces de burlar a "La Roca", el orgullo de las prisiones de máxima seguridad, de donde se suponía nadie podía escapar.
A lo largo de la historia de la prisión se produjeron 14 intentos de fuga que involucraron a 36 personas; solo las tres mencionadas antes siguen en paradero desconocido.
Veintitrés reos fueron detenidos de nuevo; seis murieron por disparo de bala durante la fuga y cuatro ahogados.
El minucioso plan de huida
Frank Lee Morris, Allen Clayton West y John y Clarence Anglin habían descubierto a finales de 1961 un punto débil en el penal. El hormigón estaba muy dañado por la humedad por lo que la rejilla de ventilación de sus celdas podrían extraerse con facilidad.
Con cucharas y un pequeño perforador fabricado con elementos de un aspirador robado lograron ampliar el hueco para retirar la rejilla y huir a través del sistema de ventilación. El sonido del acordeón durante la hora destinada a la música amortiguaba los ruidos que hacían al excavar. Durante el día ocultaban los huecos de la pared con pedazos de cartón.
La noche del 11 de junio de 1962 Morris y los hermanos Anglin se fugaron. Unos maniquís con cabello tomado de la peluquería de la cárcel les suplantaron en sus camas burlando así los recuentos nocturnos de los vigilantes. Allen West no les acompañó. Se desconocen aún los motivos por los que a última hora decidió quedarse.
A su juicio, West habría sido el cerebro de la fuga. Lo suyo fue «mala suerte».
West colaboró en las investigaciones del FBI, que sin embargo no pudo dar con los tres fugados. Se encontraron restos de la balsa en una isla cercana y algunos efectos personales de los Anglins (dinero y los nombres, direcciones y fotografías de amigos) flotando en la bahía. En julio de 1962 un buque noruego vio un cuerpo flotando a 15 kilómetros del Golden Gate vestido con ropa de cárcel, pero no llegó a recuperarse.
La Roca, hoy reconvertida en parque nacional, se cerraba un año después de la mítica fuga.
La fuga
La noche del 11 de junio de 1962 ejecutaron su plan; los cuatro presos dispusieron en reunirse en el pasillo de mantenimiento de la cárcel. La fuga debía ser conjunta, en un grupo de al menos dos personas, ya que había algunos obstáculos que para superarlos era imprescindible la colaboración de un segundo miembro.
Sin embargo, al llegar la hora de la fuga, Allen West, impedido por la rejilla a la que se cree no supo atravesar, o paralizado por el miedo, arribó tarde hacia el punto de encuentro, y viendo que sus compañeros ya se habían marchado, se vio obligado a retornar hacia su celda y los demás le dejaron atrás, sin pensar lo que podría ocurrir.
Tras salir al pasillo de mantenimiento, los fugados accedieron al tejado de la prisión a través de una salida de ventilación. Una vez en el exterior, anduvieron a hurtadillas por el tejado hasta llegar a uno de sus extremos, descendieron por las cañerías bajantes de la fachada y llegaron al suelo.
Seguidamente, tuvieron que saltar por encima de varias cercas metálicas muy altas, para, al fin, conseguir salir del recinto y llegar a la orilla del mar. Una vez allí inflaron la balsa con un acordeón y un sistema de válvula hecha con una pelota de ping pong en una botella y se alejaron impulsados por sus propias piernas.
Al sonar la alarma acudieron todos los policías en la bahía de San Francisco, pensando que irían hasta allí. A la mañana siguiente las fuerzas de seguridad investigaron los hechos, con la colaboración obligada de Allen West, que finalmente no consiguió huir. Se hallaron los muñecos y los respiraderos saboteados.
El FBI llevó a cabo una de las más grandes búsquedas de su historia por los alrededores de la prisión, y en especial en la bahía de San Francisco. En la cercana Isla Ángel, fue hallado una especie de bolsa hecho de impermeables, que contenía objetos personales de los hermanos Anglin. Aunque todos pensaban que habían ido dirección a San Francisco, se cree que se dirigieron a esta isla, ya que las corrientes marinas llevaban hacia ella. Las autoridades concluyeron que los reclusos murieron ahogados, aunque sus cuerpos nunca fueron hallados. La prisión de Alcatraz fue cerrada menos de un año después.
Descubren la fuga
El 12 de junio de 1962 los tres prisioneros lograron burlar todas las medidas de seguridad del penal de Alcatraz. El guardia que realizaba el primer turno de comprobaciones de aquella mañana se quedó de piedra cuando la cabeza de uno de los reos que parecía dormitar bajo las sábanas de su catre rodó redonda y pesada tras un pequeño toque de porra. No se trataba, por supuesto, de la cabeza del preso, sino de un burdo muñeco o dummie fabricado a base de materiales pacientemente hurtados a escondidas en diferentes zonas del penal.
De la misma forma, por medio de cucharas y otros materiales convenientemente ocultados a los guardias de la prisión, los tres reos, junto a un cuarto compinche que finalmente no pudo huir, habían urdido un cinematográfico plan de fuga que incluía agujeros en la celda y rejillas de postín.
Quienes visitan las instalaciones del ahora museo de Alcatraz, en la bahía de San Francisco, pueden hacerse una buena idea de la forma en que aquellos peligrosos presos lograron superar los muros de la “la Roca”.
Tras alcanzar la azotea de la prisión a través de las tuberías de ventilación, los fugitivos lograron acercarse a la orilla del mar, donde inflaron una barca casera y se pusieron unos chalecos salvavidas construidos a partir de unos 50 impermeables hurtados a lo largo de un año.
El 31 de diciembre de 1979 el FBI cerró oficialmente el caso, y delegó su búsqueda a los US Marshals, el cuerpo de alguaciles de los Estados Unidos. Tras más de medio siglo de dudas, los marshals continúan con su concienzuda búsqueda de los fugados.
En 2012, cuando se cumplieron 50 años de la fuga, David Harlow, director adjunto de la División de Operaciones de los US Marshals recalcó que el caso no está cerrado y que su departamento continuará con la búsqueda “sin importar a dónde nos lleven las pistas o cuantas horas se inviertan en resolver este histórico caso”.
Los marshals no cierran un caso hasta que se resuelve o hasta que la edad del fugitivo llega a los cien años. Por eso, el caso seguirá abierto al menos hasta 2031, año en el que Clarence Anglin, el más joven de los tres, llegaría a centenario.
