Al menos en lo que concluye el mes de mayo las altas temperaturas de hasta 44 grados centígrados seguirán en algunas partes del territorio oaxaqueño, principalmente en el Istmo de Tehuantepec, la Cuenca y la Cañada.
El meteorólogo de el Organismo de Cuenca Pacifico Sur de la Comisión Nacional del Agua, Julio Salazar Falfan, advirtió que la región del Istmo está sólo a un grado de alcanzar el valor histórico de 45 grados centígrados reportados como máximos históricos en los años 2010 y 2016, los más calurosos de la década.
Si bien desde la segunda quincena del mes de enero se empezaron a presentar condiciones climatológicas cálidas en gran parte del territorio nacional, incluído Oaxaca, el termómetro subió en la segunda quincena de marzo y en abril fueron muy elevadas, hasta 44 grados.
“Principalmente en el Istmo, la Cuenca, la Cañada y la zona costera los valores máximos se acercan a los extremos históricos”, por lo que no descartó que en lo que resta de mayo se puedan alcanzar porque ya se han presentado temperaturas de hasta 44 grados centígrados.
En la Cuenca y la Cañada la temperatura reportada entra en los “valores típicos y normales” de entre 42 y 42 grados centígrados.
“No se han presentado aún temperaturas tan extremas, como se han manifestado en otros años”, aclaró, siendo el 2010 el año más caluroso por la Organización Meteorológica Mundial.
Sin embargo no descarta que el termómetro pueda aún elevarse, por la ola de calor que en el país se ha extendido por más de una semana, condición que se conjunta con la ausencia de precipitación pluvial.
Lo anterior explica la “sensación térmica de bochorno” en casi todo el territorio oaxaqueño. En total han sido cinco olas de calor las que han afectado a la entidad y para que la temperatura descienda se requiere que las lluvias se activen.
“De acuerdo con los pronósticos el calor pudiera seguir prolongandose por lo que resta de mayo, debido a que tenemos establecido un sistema de alta presión en el golfo de México y territorio nacional, domina el cielo despejado y se desarrollan pocas nubes de tormenta, así como el bajo contenido de humedad”, alertó.
Aún así, el calor no ha provocado la sequí extrema que se presentó por casi tres años consecutivos, entre 2015 y 2017, ya que la temporada pluvial del año pasado tuvo un impacto positivo en los mantos freáticos y que los cuerpos de agua pudieron recuperar su nivel.
