Muertes en domicilios por COVID-19 sin contarse en las estadísticas de Servicios de Salud
De nada sirvieron los siete litros de oxígeno medicinal que Gerardo recibía a través de una mascarilla, ni la combinación de medicamentos, ni los amorosos cuidados que en 22 días le procuró su familia al enterarse que tenía COVID-19, la mañana del dos de febrero falleció en su casa.
“Ya no voy a aguantar”, fue la advertencia que con voz suave y debilitada le expresó a su familia esa mañana, antes de que su yerno Raúl llamara al 911 intentando pedir auxilio porque Gerardo estaba dejando de respirar.