Seis de cada 10 niños e México consumen refrescos, reporta la ENSARS
Desde el confinamiento en la casa de Soledad e Iván no hay un sólo día que no coman juntos, pero los hábitos alimenticios de él se han reflejado en Mateo de cuatro años y Fernando de 12: tomar “un vasito” de refresco si comen bien.
“Es más barato comprar una botella de dos litros que una de 600 mililitros”, justifica Iván, quien acepta que en su familia no hay freno para consumir refrescos porque el daño en la alimentación no era aún un debate social.