No hubo niños Dios, mucho menos puestos de tamales o triciclos con tumultos de gente en las calles. Lo que sí hubo, según contó Rafael, tamalero que a diario recorre la zona limítrofe entre Santa Lucía del Camino y Oaxaca de Juárez, más exactamente por ‘La Libélula’ o el panteón Central, fueron ventas muy bajas a causa de las restricciones de las autoridades por la pandemia.
Debido a los altos números que se registran en Oaxaca en cuanto a contagios y casos positivos, así como al color naranja que impera en la entidad dentro del semáforo epidemiológico, todavía no es posible retomar las actividades habituales que, hasta 2019, se hicieron con normalidad. Esto, por supuesto, ha sido un duro golpe para la economía de muchos sectores.
“Pues ahora sí que es un día normal ¿no?, porque con esto de la pandemia no es como antes que llegaban a comprar 10, 15, 20 tamales para llevar a la casa o que te encargaban desde antes para entregar el mero día 2. Ahorita ya pasé aquí por Felicitas y Perpetuas, por La Merced y nada, las iglesias cerradas, la gente no hay, no sacaron a sus niñitos Dios”, contó Rafa.
Y es que en Oaxaca, según algunos reportes emitidos por autoridades federales, todavía no pasa por completo la llamada ‘segunda oleada’ de contagios de COVID-19, por lo que se espera que sea hasta finales de marzo cuando el estado cambie de color en el semáforo que regula la contingencia sanitaria.
A causa de esta situación quedaron atrás las misas, las fiestas, las congregaciones masivas en las iglesias y por supuesto el desfile de niños Dios vestidos de ingeniosas formas. Fue la Arquidiócesis de Antequera la encargada de informar que no habría misas con motivo del Día de la Candelaria por el riesgo que implica el COVID-19.
Solo unos tímidos ‘cuetes’ retumbaron cerca de la iglesia de la Merced, por lo que Rafael supuso que habría personas que necesitarían tamales. Al acudir y llegar, contó, con cierta decepción se dio cuenta de que los sonidos de la pirotecnia no eran por La Candelaria; sin embargo, al menos el viaje valió la pena pues logró vender 5 tamales.
No fue una venta como la de años anteriores, cuando a las 11 de la mañana ya no tenía ‘ni atole’. Este año, a lo mucho, dijo, “de a 5, 6 tamales por persona, máximo”. La nueva normalidad, como ya hizo con otras tradiciones, continúa modificando las formas de celebrar.
