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Hasta 300 litros de refresco consume un oaxaqueño al año: estudio

Foto(s): Mario Jiménez Leyva
Citlalli López Velázquez

Oaxaca es una de las tres entidades del país con mayor consumo de refrescos. Se estima que cada persona llega a ingerir entre 250 y 300 litros al año, casi el doble que el promedio nacional que es de 163 litros.

El ranking publicado en un medio nacional basado en datos epidemiológicos, estudios de mercado, prevalencia de enfermedades asociadas y distribución de la industria refresquera; detalla que el primer lugar lo ocupa Chiapas con 821.25 litros, le sigue Tabasco con un estimado superior a 300 litros y Oaxaca entre 250 y 300 litros.

“El dato es sorprendente, pero no extraña; se relaciona directamente con los datos de salud de la infancia en Oaxaca. De los 100 municipios con mayor tendencia en diabetes infantil, el estado ocupa 57 lugares”, indicó Mauricio del Villar, integrante de la campaña “Por el derecho a una alimentación Sana y Nutritiva: Oaxaca Sin Chatarra”, consultado al respecto.

Los datos -expuso- reflejan que las empresas refresqueras tienen enfocada una campaña agresiva de venta en la zona sur sureste del país en donde existe un alto rezago, pero también, en muchos casos, difícil acceso al agua potable.

Para dimensionar un poco la presencia de la industria refresquera en la entidad mencionó que en un trayecto carretero realizado de Oaxaca a Tlaxiaco contabilizó 12 camiones propiedad de una sola empresa refresquera. 

“Hay mucho que decir de estos datos preocupantes. Es importante mencionar que, por ejemplo, [Cadenas y tiendas de conveniencia] ya están cambiando su imagen poniendo elementos como el frijol, maíz y milpa. Creo que hay un juego perverso de estos intereses que tratan de vender estos productos que nos están dañando en términos de salud, usando la cultura alimenticia tradicional”, planteó.

El activista consideró que la estrategia utilizada por las empresas refresqueras que han generado un alto consumo de este producto entre la población claramente está vulnerando los derechos de las niñeces y adolescencias a una alimentación sana y nutritiva, pero también su derecho a la salud.

Otro elemento para agregar es el impacto económico a las familias. Una persona con diabetes requiere entre 80 mil y 90 mil pesos al año en medicamentos y visita a especialistas.

De manera general el sistema de Salud puede colapsar en cualquier momento porque no habrá los suficientes medios para atender a la cantidad de personas enfermas que habrá en un futuro.

Para el activista, la decisión que toman las familias para consumir el refresco está marcada por todas las estrategias de las grandes corporaciones. 

“Cuando vemos el panorama en términos de accesibilidad de estos productos que nos están dañando, no estamos tan libres porque estamos invadidos, incluso en algunas comunidades es lo único que hay: es más fácil tener un refresco que conseguir agua”.

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