Citlalli López Velázquez
Sobrepeso y obesidad son la pandemia paralela que avanza, a raíz de la COVID-19, en un amplio sector de la población. A las condiciones preexistentes, en donde el 75% de adultos mayores de 20 años en el país tenían sobrepeso, se añade el sedentarismo y la desinformación. Quienes llegan a una asesoría nutricional refieren haber aumentado de 8 a 10 kilos, en promedio, durante los últimos 18 meses.
Esta condición se atribuye principalmente a un manejo inadecuado de emociones. Hubo un cambio de vida para todos en mayor o menor medida, y al sentir miedo, ansiedad, depresión, incertidumbre, se busca una compensación emocional con alimentos altamente calóricos, que están en ambos extremos: o muy dulces o excesivamente salados, así como el aumento en el consumo de alcohol, afirmó la nutrióloga y especialista en control de peso, Alejandra Pizarro Porras.
A ello hay que añadir el sedentarismo, la falta de movimiento al estar en casa y pasar la mayor parte del tiempo sentados, debido al trabajo en línea, las clases a distancia, al tiempo de ocio, o hasta la forma en que se establecen los vínculos interpersonales, todas estas actividades que antes eran presenciales e implicaban movimiento ahora se desarrollan mediante dispositivos electrónicos.
Está documentado que la ociosidad genera ansiedad y en la mayoría de las ocasiones se interpreta como hambre o antojo, lo cual nos lleva a la ingesta de alimentos ultraprocesados. Cabe hacer mención que éstos son productos, no alimentos, se trata de preparaciones industriales comestibles que están elaboradas a partir de sustancias derivadas de otros alimentos, puntualizó.
La mayoría de consultantes que acude a asesoría nutrimental a raíz de la pandemia lamentablemente llegan por una necesidad apremiante de atender alguna enfermedad crónica, ya sea diabetes mellitus o hipertensión, colesterol alto, infarto, que se encuentra descontrolada por estos meses de confinamiento, durante los cuales admiten haber comido en exceso o haber dejado de comer, al sentirse mal anímicamente.
Por ello explica que la educación nutricional tiene que ver con una armónica relación con la comida, un aprendizaje para alimentarse de forma balanceada. “Comer saludable no es sinónimo de comer insípido y aburrido, al contrario, es comer de forma variada, entendiendo que no hay alimentos buenos ni malos, lo incorrecto es la abundancia de algunos ellos”, dijo Pizarro Porras, quien se dedica a la consulta privada.
Por último alertó a la población a no dejarse sorprender por influencers en redes sociales, personajes que dan consejos de nutrición o se atreven a publicar dietas sin ningún conocimiento al respecto, lo cual no sólo es peligroso para la salud, sino que también afecta la labor de los verdaderos profesionales de esta rama.
Condiciones preexistentes
75% de adultos mayores de 20 años en el país tenían sobrepeso
Durante pandemia
8 a 10 kilos, en promedio, subieron algunas personas durante los últimos 18 meses
