En el Domingo de Pentecostés, el obispo auxiliar de Antequera-Oaxaca, Luis Alfonso Tut Tún agradeció ayer las bendiciones del Señor a la Iglesia Católica por la institución del Ministerio del Lector al seminarista Alejandro Emmanuel Aguilar Córdova, así como la Ordenación Diaconal a los seminaristas Cruz Daniel Velasco Pérez y Uriel Chino Valeriano, con miras al sacerdocio ministerial.
Durante la homilía de la misa celebrada en el Seminario Pontificio de la Santa Cruz, el mitrado afirmó que el número de ordenaciones es pequeño en comparación con la necesidad de sacerdotes en la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca, la Providencia Divina espera el aumento de la fe y de las oraciones por las vocaciones, pero sobre todo, la capacidad de caminar juntos para relanzar la pastoral vocacional y suscitar vocaciones.
“Debemos, pues, dar gracias al Señor Jesús, que nunca abandona la barca de la Iglesia, ni siquiera cuando parece estar dormido. En realidad, él prueba nuestros corazones para que se fortalezcan y crezcan”, añadió.
Por eso, sostuvo que en el misterio de Pentecostés, cumplimiento de la Pascua, el resucitado renueva en cada uno la gracia del Espíritu Santo, pero sobre todo, desciende un nuevo sello de manera especial sobre Alejandro, Uriel y Daniel, preparándolos y consagrándolos de manera única al sacerdocio ministerial de Cristo.
“El Espíritu Santo quien, al ser invocado, descenderá del cielo como una caricia calurosa sobre ustedes, infundirá su fuerza divina a sus vidas para que la puedan desgastar donándola generosamente a la Iglesia, de modo que desde hoy el espíritu de servicio guiará sus pensamientos, sentimientos, decisiones y acciones. Ningún instante podrá escapar a este sello del Espíritu Santo y relegarse al egoísmo, al solo es mío”, agregó.
Sin embargo –aseveró–, no significa que el ministro lector y los diáconos ya no pueden tener momentos de silencio, espacios de privacidad o descanso, sino por el contrario deben pensar y vivir estos momentos en función del triple servicio al que se consagran, servicio de la liturgia, servicio de la palabra y servicio de la caridad; que constituyen una unidad inseparable, pues no son esferas separadas, sino tres dimensiones del único servicio de Cristo Siervo a su Iglesia.
Subrayó que estos tres servicios se interrelacionan en una dinámica circular, porque la palabra evangeliza y denuncia las injusticias, impulsando a la acción.
“La caridad traduce la escucha de la palabra en gestos concretos de cercanía. La liturgia reúne las obras de caridad y la proclamación de la palabra vivida, ofreciéndolas a Dios en la Eucaristía, que a su vez se convierte en la fortaleza espiritual para volver a servir a nuestros hermanos y hermanas”, añadió.
Además, ofreció su profundo agradecimiento y abrazo paternal a Alejandro, Uriel y Daniel, porque generosamente han elegido responder ‘aquí estoy’ al llamado de Dios.
“Nuestro arzobispo Pedro Vázquez Villalobos, a quien dirigimos un cariñoso saludo, toda la feligresía de nuestra arquidiócesis, les agradecen junto conmigo su sí al Señor, les miramos con afecto y gratitud, plenamente conscientes de que ustedes son un precioso don del Padre celestial y un fuerte signo de esperanza para nuestra arquidiócesis”, agregó.
También, dio gracias a sus familias, especialmente a sus papás, que han respaldado con respeto y sin entrometimientos dañosos la llamada que Dios les ha hecho.
“A ustedes, papás, les reitero mi estima, mi gratitud y mi cercanía: siéntanse santamente orgullos por sus hijos. Estoy seguro de que el Señor los bendecirá por siempre por haberles dado la vida y por no haber puesto obstáculos en su vocación”, anotó.
De igual manera, llamó a los sacerdotes, como hermanos mayores en el sacramento del orden, a que reciban a los nuevos diáconos, guiándolos con afecto y respeto fraterno, y, promoviendo una verdadera corresponsabilidad pastoral con ellos, hagan fructificar el don recibido.
Además, solicitó a los fieles de las parroquias donde el nuevo ministro lector y los nuevos diáconos prestarán servicio, a cuidar de ellos mediante el apoyo espiritual, hospitalidad, oración constante y colaboración activa en las actividades pastorales y caritativas asignadas.
