Por: P. Gregorio Gil Cruz Glz.
“No teman a los que matan el cuerpo, si no a lo que mata el alma”.
Evangelio Mt. 10, 26-33
En aquél tiempo Jesús dijo a sus apóstoles: “No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.
No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.
¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.
A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre, que está en los cielos”. Palabra del Señor.
El evangelio de este domingo es una exhortación a la confianza en Dios y a una mayor decisión para proclamar el evangelio en todos los espacios posibles, porque El está con nosotros.
Jesús sabe la situación difícil a la que se enfrentarán los apóstoles, no es indiferente, por ello les da confianza, los invita a no temer ni a tener miedo, vale la pena anunciar el evangelio de Cristo. Les hace esta exhortación: “no tengan miedo”, es decir ánimo tengan fe, yo estoy con ustedes. Los juicios, las críticas, los azotes que recibirán son parte del envío; es más importante cumplir con la misión para que así puedan gozar de una vida plena y duradera, que renunciar por las consecuencias que trae consigo el anuncio del evangelio. Jesús es conciente de lo que enfrentarán sus apóstoles y por ello les da palabras de aliento que los fortalezca para que no desistan en la misión que les ha confiado.
“No tengan miedo… teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo”. El miedo es algo que nos paraliza y que no nos permite tener una vida normal. No debemos olvidar que el miedo, tiene su razón más profunda en la falta de confianza en Dios que vela y cuida de cada uno de nosotros que somos sus hijos. El orgullo y la soberbia hacen sentirnos tan llenos de nosotros mismos que ya no hay espacio para Dios. El orgulloso no cree en Dios y por tanto no confía en El. El miedo se vence con la seguridad, seguridad que brota del interior del hombre, de la paz y la tranquilidad interior, que le da confiar en el Señor.
El apóstol de Cristo debe ser fuerte, y su fortaleza le viene de la confianza en Dios. El Profeta jeremías experimentó en carne propia el rechazo y la persecusión: “Yo oía el cuchicheo de la gente que decía: Denunciemos a Jeremías, denunciemos al profeta del terror”. Sin embargo, pudo permanecer firme porque Dios estaba con él.
La exhortación a no tener miedo es una exhortación a una confianza total en Dios porque él nos cuidará: “¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda?... los cabellos de su cabeza están contados. Por tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo”.
San Mateo nos dice: no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, no hay nada secreto que no llegue a saberse. El Evangelio de hoy es una invitación a revisar nuestros comportamientos y actitudes. Cómo andamos en el tema de la verdad, de la honestidad y en la relación con Dios y con nuestros hermanos.
En el evangelio que acabamos de escuchar nos dice: “No tengan miedo”. Y lo repite en tres ocasiones: no tengan miedo a los perseguidores, no les tengan miedo a los que matan el cuerpo, “no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo”.
Por eso hoy el Señor nos da la seguridad de que Dios está junto a nosotros. Ese Dios que cuida a cada uno de los pájaros del campo, acompaña amorosamente a cada uno de sus hijos protegiéndolos de todo mal. El Evangelio de hoy es una invitación a reconocer que nuestra fortaleza no radica en las propias fuerzas, sino que nuestra fortaleza está en Dios. En cuanto más dependamos de Dios y menos de nosotros mismos, seremos más libres y nuestra vida tendrá paz y tranquilidad y estaremos en disposión de sus planes de salvación. Tratemos de estar en armonía con Dios y con nuestros hermanos, dejemonos guiar por el Señor, pidámosle que aumente nuestra fe. Vivámos pues hermanos confiados en el Señor, de que nada va a pasar sin el consentimiento de Dios, pues hoy así nos dice, que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados. Todo está bajo el control de Dios, nada se mueve sin su permiso. Abandonemonos a su amor y hagamos nuestra parte. Vivamos tratando de estar en armonía con todos, respetando, obedeciendo, sirviendo al hermano, ayudando y haciendo el bien. No hay mejor almohada que una conciencia tranquila. No tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo. Que la paz de Dios inunde sus corazones. Dios los bendiga. Feliz domingo.
@PGil_Cruz
